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(Mujereshoy) La elección de la canadiense Natalie Glebova como Miss Universo 2005 reabre el debate sobre el sentido y objetivo de los certámenes de belleza. En la misma gala, celebrada en Bangkok (Tailandia), se dieron otros títulos que ensalzan las beldades de las 81 aspirantes: Miss Fotogénica, Miss Simpatía, y otro premio para quien llevara el Mejor Vestido Típico.
Desde que comenzó en 1952, el certamen ha sido objeto de críticas y de alabanzas, según quien se pronuncie. “Creo que la mujer se presenta como objeto de consumo, lo que no favorece, por ejemplo, sus posibilidades de mejorar profesionalmente o acceder a los órganos de decisión. Por otra parte, son un mal ejemplo para chicas jóvenes que desean tener un cuerpo perfecto, e incluso llegan a padecer anorexia o bulimia”, dijo Ángela Alemany, presidenta de la asociación española de mujeres juristas Themis.
En cambio, Enrique Aznar, director general de Miss España, considera “que los concursos son un trampolín profesional para muchas chicas; hay mucha gente partidaria de ellos, la prueba es que tienen mucha audiencia en televisión”.
El debate está una vez más abierto.
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