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(Mujereshoy) ¿Es un placer ser mujer? Margarita Rivière, escritora y periodista española, asegura que sí, pero sólo en determinadas condiciones y después de haber aceptado la propia condición y rechazado tópicos e imposiciones.
La autora se ha enfrentado a sus propias vivencias, a las represiones de la infancia y la juventud y se ha atrevido a escribir una peculiar tesis que ha titulado El placer de ser mujer. Que nadie se confunda; el libro, editado por Síntesis, no es una guía para alcanzar la felicidad, pero puede ayudar.
Rivière (Barcelona, 1944) ha trabajado en varios diarios, fue directora en Catalunya de la Agencia Efe, hizo un doctorado en Sociología y hoy mantiene colaboraciones en prensa, radio y televisión. Ha escrito una veintena de ensayos, muchos de ellos dedicados al análisis de la situación femenina: El mundo según las mujeres, La aventura de envejecer, Lo cursi y el poder de la moda, La década de la decencia, Crónicas virtuales.
A esta trabajada carrera profesional, Rivière sólo pone una laguna: no haber alcanzado la dirección de un diario. “Me he quedado con las ganas de intentar cambiar algunas ideas sobre lo que es noticia –añade–, de ir más allá de lo superficial”.
El placer de ser mujer es, de hecho, un libro de memorias disfrazado de ensayo. Tras una primera declaración de principios –que sintetiza en 10 puntos– y la explicación de la génesis del trabajo, la autora dedica los primeros capítulos a comentar su entorno familiar, los recuerdos de infancia y el paulatino descubrimiento de su condición de mujer: “De niña me hicieron creer que tenía los mismos derechos que los niños, pero descubrí mi error de la forma más tonta: cuando me dijeron que no podía enseñar las piernas al montar en bicicleta”.
El libro avanza con el descubrimiento de los diferentes placeres asociados a las edades de la autora, desde la mojigatería de una sociedad conservadora –para la que todo era pecado y pocos placeres estaban permitidos– hasta la aparición de un horizonte nuevo que Rivière asocia al acceso al trabajo y a la formación de una familia, en definitiva, a la independencia personal: “La dependencia anula a la mujer”.
La parte final del libro está dedicada a las edades del placer y a un inventario de equívocos sobre el significado de esta palabra. La autora dice estar convencida de que cada etapa de la vida tiene sus placeres y que la mujer, cuando supera la frontera de la edad, puede permitirse el lujo de contemplar el panorama con calma, porque, insiste, ya no debe enamorarse, ni gustar a los demás, ni buscar la complacencia del entorno.
“Es entonces cuando te encuentras a gusto contigo misma, y eso también es placer”.
Rivière critica la existencia de lo que denomina supermercados de los falsos placeres, “los que imponen un modelo estético, el de la mujer para ser vista, aquellos que prometen la eterna juventud”y considera culpable a su generación de haber confundido los conceptos de placer y sexo. ¿Qué es entonces el placer? “Estar a gusto: así de fácil y así de difícil”.
Fuente: M. Eugenia Ibáñez, El Periódico de Cataluña.
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