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Roxana Vásquez (Foto: Felipe Varanda, Revista Época). |
En Brasil, las organizaciones de mujeres están abogando por el derecho a interrumpir el embarazo en casos de anencefalia del feto, anomalía en la que falta la mayor parte del cerebro y hace imposible la supervivencia del bebé: nace muerto o muere a los pocos días. La abogada Roxana Vásquez, de Cladem, defiende esta posición.
(Mujereshoy) La abogada peruana Roxana Vásquez, integrante del Comité de América Latina y del Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), se preocupa desde hace mucho tiempo de un tema actual y polémico en América Latina: el aborto.
Para ella, aunque reconoce que en América Latina no existe una tendencia hacia la despenalización del aborto, las señales emitidas por el Supremo Tribunal Federal de Brasil, que podría permitir en ese país el aborto en los casos de anencefalia, es decir, de fetos sin cerebro, es un signo positivo. “La aprobación puede influenciar otras victorias en casos de malformación del feto. Es cruel someter a las mujeres a una gestación sin la menor viabilidad”, dice.
Aunque crea en el avance judicial, Vásquez critica el peso de la opinión religiosa en las decisiones de política pública. “El problema es que nuestros Estados son laicos sólo en el nombre”, afirma, refiriéndose principalmente a la posición de la Iglesia Católica. “Si el papa ya hubiera abortado, el aborto sería algo sagrado”, señala enfática. La periodista Elisa Martins, de la revista brasileña Época, la entrevistó.
Época: El aborto en casos específicos, como en la anencefalia, ¿reforzaría la liberación total de la práctica, como dice la Iglesia Católica?
Roxana Vásquez: No. Es sólo una estrategia válida, ya que las posibilidades están muy cerradas. El sistema de plazos, este sí, puede ser un camino. Permite el aborto en cualquier circunstancia, pero establece un tiempo para su realización, generalmente hasta las 12 semanas de gestación. Es el consenso médico de formación del sistema nervioso del feto. Ya es válido en muchos países de Europa. En América Latina, la propuesta más ambiciosa viene de Uruguay. La ley que prevé la legalización del aborto hasta los tres meses de embarazo ya tiene media sanción. Fue aprobada por la Cámara de Diputados, pero perdió por tres votos en el Senado. En Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua, el aborto sigue siendo un crimen. Puerto Rico no lo penaliza y Panamá tiene excepciones, mientras que El Salvador, Chile y Honduras optan por la penalización bajo cualquier circunstancia.
Época: Por qué las feministas defienden el aborto como un derecho de las mujeres?
Roxana Vásquez: Lo que está en juego es el derecho de interrumpir una gestación no deseada, que también puede ser visto como un embarazo forzado. Los derechos humanos no contemplan situaciones en las que somos obligadas a hacer lo que no deseamos. Si los hombres se pudieran embarazar, ciertamente ya tendrían una respuesta legal satisfactoria a sus necesidades. Y, como son ellos los que generalmente hacen las leyes, sienten que pueden opinar en situaciones que, en verdad, no les cabe. Usan categorías morales, cierran los ojos, culpan a las mujeres de “que se descuidaron” y dan el problema por concluido. Las feministas italianas, que en los años 70 luchaban por la legalización del aborto, usaban una expresión muy coherente: “Si el papa ya hubiera abortado, el aborto sería algo sagrado”. Las verdades son construidas a partir de la hegemonía del poder.
Época: ¿Qué opina sobre el punto de vista de la Iglesia, que considera al aborto un pecado en la defensa de la vida?
Roxana Vásquez: La Iglesia señala que la vida comienza en la concepción. El consenso médico, en cambio, dice que la vida se da tras la formación del sistema nervioso del feto, después de los tres meses. Esa división de conceptos puede ser eterna. Pero si la intención es defender la vida, ¿qué decir de las miles de mujeres que mueren en abortos clandestinos en el mundo? En gran medida, los que están contra el aborto no aceptan la educación sexual desde temprana edad. Dicen que anticiparía la iniciación de los niños. También suelen rechazar los anticonceptivos. Actuando así, favorecen la realización de más abortos. Percibir este conflicto de intereses es más importante que discutir el concepto de vida. Cabe al Estado ponderar ese conflicto. El problema es que nuestros Estados son laicos sólo en el nombre.
Época: El papa Benedicto XVI es más conservador que Juan Pablo II. ¿Su posición debilita la campaña por la despenalización del aborto?
Roxana Vásquez: No. Los cardenales decidieron por la continuidad. Su elección puede abrir un espacio de enfrentamiento más claro. Sabemos lo que debemos combatir.
Época: ¿De qué manera la política del gobierno de George W. Bush, de EEUU, afecta la discusión sobre el aborto en los países en desarrollo?
Roxana Vásquez: De muchas maneras. Estados Unidos provee a muchos países de América Latina de recursos financieros. De EEUU sale la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés). Bush adoptó una ley por la cual las organizaciones subvencionadas por ella ni siquiera pueden hablar sobre el aborto. Esa es la condición para continuar recibiendo financiamiento. Tales organizaciones tampoco pueden usar el dinero de otras fuentes para ese fin [el derecho al aborto]. De ahí que muchas ya no aceptan ser financiadas por la USAID. También afecta a la política, ya que muchos líderes latinoamericanos mantienen fuertes vínculos con políticos conservadores de Estados Unidos. Es un retroceso. Aquellos que hablan en público de temas polémicos de sexualidad y reproducción son criticados y corren el riesgo de no ser elegidos al año siguiente. La Iglesia también los sataniza.
Época: Usted tiene un hijo. ¿Eso marca alguna diferencia en su defensa del derecho de la interrupción del embarazo?
Roxana Vásquez: Mi hijo fue deseado y es muy amado. Cuando él nació, vi la dedicación que un hijo exige, toda la transformación que ocurre en la vida de la mujer, de la pareja. Es preciso tener certeza de lo que se quiere. Por ser madre, estoy más que segura de que el aborto es un derecho. Nunca tuve dudas. Estoy a favor de la legalización del aborto en el sistema de plazos y que el Estado adopte las medidas para que eso se haga en condiciones seguras.
Fuente: Revista Época, Brasil, 23 de mayo 2005.
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