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Portada del libro Las nietas de Ema, en portugués (Foto: NoMinimo). |
Ema Bovary, personaje de Gustave Flaubert, era la mujer sobre la cual pesaba la idea de que, por intermedio de un hombre, era posible “hacerse otra”, es decir, convertirse en otra. Hoy, la escritora Eugenia Zerbini presenta Las nietas de Ema, mujeres que quieren ser otras por ellas mismas. Artículo de Carla Rodrigues.
(Mujereshoy) Una visión fantasiosa, delirante, llena de falsas esperanzas sobre la realidad de la vida. Es así como la psicoanalista Maria Rita Kehl define a Ema Bovary, la emblemática personaje que Gustave Flaubert creó a fines del siglo 19, cuando Freud comenzaba sus estudios de psicoanálisis.
En el libro Desplazamientos de lo femenino: la mujer freudiana en el paso hacia la modernidad (Imago, 1998), Kehl analiza las características del personaje como idénticas a las que Freud encontró en la histeria, que puede ser resumida como el conflicto entre aquello que a las mujeres les gustaría ser y lo que podrían, de hecho, ser.
En aquel momento, recuerda Kehl, “las mujeres ya vislumbraban en el horizonte perspectivas de otra vida, pero cuya conquista dependía aún totalmente de la iniciativa, de la ambición y de la capacidad de los hombres con quienes se casaban.”
Y la tragedia de Bovary fue haberse casado con un hombre simple, que aunque la amaba, no era capaz de empujarla en su deseo burgués de ascenso social ni en sus fantasías de cambiar radicalmente de vida. Bovary es la mujer sobre la cual pesa la idea de que, por intermedio de un hombre, es posible “hacerse otra”.
Esa intención de “hacerse otra” está presente en Las nietas de Ema, de Eugenia Zerbini, libro con el cual ganó el premio SESC de Literatura en 2004. La Ema a la que el título hace referencia es Bovary, y la conexión es explicitada por una de las personajes.
Sin embargo, hay una importante diferencia entre la Bovary de Flaubert y las mujeres de Eugenia: la protagonista que desea convertirse en otra quiere hacerlo por sí misma, y no a través de un hombre. Soltera, con más de 50 años, es después de un asalto traumático –en el cual vislumbra la finitud hasta entonces providencialmente ignorada– que esta personaje decide “hacerse otra”.
Al contrario de Bovary, que buscaba la salvación para su condición femenina a través de la fuerza masculina de los hombres con los cuales se relacionaba sentimentalmente, la personaje de Eugenia encuentra esa posibilidad en sí misma, más exactamente en su decisión de escribir un libro.
La protagonista de Eugenia (las personajes no tienen nombre) quiere “hacerse otra”, pero encontrándose a sí misma. Su primera reacción, después de la perspectiva de la muerte, es volver a su pasado. Es curioso notar que los hombres no existen en la vida de las personajes de Eugenia: una de ellas es madre, como resultado de su propia decisión, otra es separada (el marido se fue a vivir lejos y nunca ayudó a criar los hijos).
La ausencia de los personajes masculinos no indica, sin embargo, sólo lo obvio: la autosuficiencia de las mujeres en el mundo actual. Apunta, principalmente, a la idea de que es al prescindir de ellos cuando las personajes pueden “hacerse otra.”
Cuando Eugenia se refiere a Bovary es para tratar al personaje de Flaubert no como la psicoanalista Maria Rita Kehl lo interpreta, sino como Bovary se popularizó: síntoma de insatisfacción femenina permanente, incapacidad de ser feliz con lo que tiene. Dice Eugenia: “Siempre sentí mucha pena por Madame Bovary. (...) Por qué tener pena e inmolarse, si tenía todo para ser feliz?”. Es por allí que Eugenia quiere identificar a su protagonista –emancipada, realizada profesionalmente–, todo lo que hoy se considera necesario para que una mujer sea feliz. Pero le faltaba algo para “ser”, escribir un libro.
Ese es un dislocamiento femenino interesante: libro significa obra y puede ser interpretado como el deseo de tener voz propia. Voz que Bovary tampoco tenía, las histéricas manifestaban a través de su comportamiento justamente aquello que no tenían el derecho de decir. Freud innovó porque las oyó. ¿Será demasiado osado suponer que al colocar en la protagonista el deseo de escribir un libro Eugenia estaría vocalizando la insatisfacción con la invisibilidad femenina que aún pesa contra todas nosotras? Por todo esto, es muy tentador tomar a las mujeres de Eugenia tan emblemáticas del universo femenino del siglo 21 así como Bovary lo fue del siglo 19.
Sin embargo, hay algo de incómodo en esa comparación. Y no sólo porque más de cien años separan el clásico romance de Flaubert de Las nietas de Ema, un libro ejemplar de la llamada nueva literatura: texto ágil, lenguaje directo, y el universo contemporáneo que combina violencia, tecnología, globalización e inseguridad. Las personajes de Eugenia no pueden pretender ocupar “el” lugar femenino contemporáneo porque ese lugar simplemente no existe. Si hoy algo se opone a la Bovary es la total multiplicidad con que las mujeres han trazado sus recorridos.
Bovary representó una era, una época, un sistema del mundo en el cual las identidades eran claras, sobre todo fijas, y las trayectorias de vida estaban previamente trazadas, lo que hacía de las rupturas actos casi heroicos, muchas veces imposibles. En oposición a ese modelo de fines del siglo 19, el libro de Eugenia hace una apuesta mejor: que es posible hacerse otra por deseo y por caminos propios. No considera, sin embargo, que muchas de las rupturas actuales no se dan por elección, sino porque están siendo impuestas. “Hacerse otra” ya no llega como deseo de realización o superación, sino como imperativo de supervivencia regido por el mercado.
Medidas extremas
Lo que se puede ver actualmente en la televisión brasileña es que la fantasía de metamorfosis ha ido a parar a la sala de cirugía. El canal Sony exhibe en Brasil una serie (Extreme Makeover) exclusivamente dedicada a contar historias de personas que han pasado por un completo proceso de transformación. Es “hacerse otra”, pero en apariencia. Cirugía plástica, lipoescultura y otras técnicas son utilizadas para promover lo que el programa llama “increíble transformación”. En el último bloque de cada programa, el protagonista del episodio –que puede ser una mujer o un hombre– explica cómo todos aquellos cambios de su apariencia lo harán una persona mejor.
No es casual que el psicoanálisis crea que la enfermedad social de la histeria femenina del siglo 19 equivale al culto del cuerpo del siglo 21. Añadir nuevos pechos, otra nariz o un abdomen definido ha pasado a ser un instrumento de transformación no de lo que se es, sino de lo que se quiere mostrar.
Bovary, ícono del deseo burgués de ascensión social, creyó que podía hacerse otra a través de los hombres a quienes conquistaba. La Ema contemporánea, paradigma de emancipación, quiere hacerse otra por su propia voz. Las protagonistas de Extreme Makeover, histéricas reactualizadas, apuestan todo en el cambio del cuerpo como posibilidad de realización absoluta de la fantasía de la metamorfosis.
Fuente: Revista Electrónica Nominimo (traducción y edición de Mujereshoy).
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