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Margo Glantz (Foto: Ana Bolívar, Clubcultura.com). |
La escritora mexicana Margo Glantz, autora de más de media docena de novelas y similar número de ensayos, habla de su novela Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador (Anagrama, 2005), donde vuelve a narrar las peripecias de Nora García, protagonista de su novela anterior El rastro, finalista del Premio Herralde de Novela 2002.
(Mujereshoy) La escritora mexicana Margo Glantz estuvo en Madrid para asistir como expositora principal en la presentación oficial de la Biblioteca de Autor Sor Juana Inés de la Cruz, perteneciente a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que patrocina la Universidad de Alcalá de España (ver link interno). Durante su estada en la capital española, fue entrevistada por Diego Salazar, de ClubCultura. He aquí el texto.
¿Por qué volvió Nora García?
Margo Glantz: Porque es un personaje que me funciona muy bien, ahora estoy trabajando en otra novela con Nora García. Funciona bien porque es un nombre corto, porque es una especie de alter ego sin ser en absoluto Margo Glantz, pero me ayuda a manejar ciertos temas que me interesan plantear, es un personaje que funciona muy bien en primera persona, es medio histérica, lo que funciona en mis relatos.
¿Siente que le queda mucho por contar de Nora García, entonces?
Margo Glantz: Me falta un libro, lo estoy terminando ahora, y después de eso creo que la voy a matar ya. Le llegó su hora.
¿El libro reúne textos publicados anteriormente, ¿la concepción de la novela es anterior o posterior a la escritura de esos textos?
Margo Glantz: Los relatos eran aislados y cuando decidí reunirlos encontré que si no le daba yo un hilván al texto, no funcionaba. Y justamente, fue Nora García quien me ayudó a ello. Así que cambié el tono de los relatos, el personaje principal, pasarlos a primera persona, aunque algunos quedaron en tercera persona, pero en aquellos esa tercera persona está también relacionada con Nora García. Había habido una versión anterior publicada en Argentina que se llamó Zona de derrumbe, pero rehice totalmente el texto, lo extendí y le di una mayor unidad, con lo que yo pienso, con total inmodestia, que los relatos pueden leerse individualmente, pero a la vez puede leerse todo como una novela. No una novela tradicional, con una cronología y una trama clásica, si no que los relatos constituyen fragmentos de una trama, asociaciones con objetos y situaciones muy banales pero que adquieren densidad justamente por el lenguaje, por la organización de la textualidad y la estructura que le he dado.
¿Esa utilización de hechos banales, de situaciones en apariencia insignificantes, una constante en su obra ¿le atrae por el reto que supone volverlos literariamente válidos o hay alguna otra razón?
Margo Glantz: Yo creo que hay muchos elementos de lo cotidiano a los que no le otorgamos la importancia que merecen. Cuando uno los ve aisladamente, probablemente no tengan mayor importancia, pero sí tienen la importancia de lo diario y van alcanzando el peso, la densidad, por acumulación, por las situaciones que plantean. Mire, haciendo una extrapolación muy ambiciosa, cuando Proust escribió En busca del tiempo perdido, la gente decía: “A quién le interesa que un señor de vueltas y vueltas en su cama, en el momento de despertarse. Eso no es un momento narrativo importante”. Y aún así se ha convertido en uno de los momentos narrativos más importantes de la historia de la literatura. Sin pretender que lo que yo escribo tenga esa relación con Proust, porque Proust tiene ya una relación con todos los escritores contemporáneos, creo que esa explotación de elementos que aparentemente no tienen ninguna trascendencia pero que si uno los trabaja desde cierto ángulo, la tienen, es algo muy importante para mí.
¿Y supone un reto?
Margo Glantz: Supone un reto y al mismo tiempo algo natural, porque es a partir de ese punto de vista que yo empiezo mi narración. Mire, yo tengo mucho trabajo periodístico también. Tengo una columna quincenal en un periódico mexicano que se llama La Jornada, llevo años trabajando ahí. Antes trabajé en un periódico que se llamaba Uno más uno, además de escribir para Excelsior y varios más. Y ahí, trabajo con temas que aparentemente son banales, pero se van entreverando con cosas que son profundamente importantes. Creo que la relación entre muchas cosas, objetos y situaciones, que se entreveran es lo que le da sentido a lo que escribo.
¿Y esa fascinación por los hechos nimios de la vida, la vio, la leyó en un escritor y a partir de ahí la incorporó a su trabajo?
Margo Glantz: No. Mire, yo empecé a escribir ficción tarde. También escribí ensayo tarde, pero ficción más. Mis compañeros de generación son aquellos que empezaron a escribir a finales de los años 50, gente como Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Inés Arredondo, de alguna manera también Carlos Fuentes. Pero yo empecé a escribir más tarde que ellos. Y mi ficción empieza cuando ya tenía cerca de 50 años, encontré tarde la forma de expresarme. Porque desde jovencita dije que sería escritora, pero tomó tiempo llegar a escribir cierto tipo de textos que me interesaban. Tengo muchas cosas de ficción por ahí, malísimas, que no quiero volver a ver. Recuerdo que fui alumna de un famoso novelista mexicano, don Agustín Yañez, autor de Al filo del agua. Yo le llevé textos míos cuando era muy joven, y me dijo: “Sus textos son como un collar donde las cuentas están sueltas y hace falta engarzarlas”. Entonces, yo me pasé un tiempo preguntándome cómo iba a engarzarlas, hasta que encontré la forma, llegó tarde, pero llegó.
¿Tiene alguna predilección por su trabajo ensayístico o su trabajo de ficción?
Margo Glantz: Mire, lo dos trabajos son fundamentales para mí. Por ejemplo, en la novela que fui finalista del Premio Herralde, El rastro, decidí que iba a ficcionalizar un texto académico, un ensayo que tengo sobre los sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz, sobre el lenguaje amoroso. Y funcionó perfectamente, yo creo que hay vasos comunicantes muy claros entre el ensayo y la escritura de ficción. Además he sido profesora, llevo 45 años en la universidad, he dado clases en las universidades más importantes de Estados Unidos. Para ponerme inmodesta otra vez, he dado clases en Yale, Princeton, Cambridge, etc. Y mi trabajo de maestra es apasionante, una de las cosas más apasionantes que he hecho en mi vida. La relación, el diálogo que mantengo con los estudiantes me mantiene joven, me obliga a ponerme al nivel de los estudiantes, una tiene que estar siempre al día para poder tratar con ellos. Eso, para mí, es un trabajo fundamental también dentro de la escritura de ficción.
¿En qué momento decidió dedicarse a escribir?
Margo Glantz: Desde muy jovencita, a los 8 o 9 años, empecé a leer todo lo que me caía en las manos. Mi padre tenía una biblioteca muy grande y desordenada, entonces desde muy niña decidí que de mayor iba a escribir. Tardé, pero finalmente lo hice.
¿Comparte la fascinación por los zapatos de Nora García?
Margo Glantz: Sí, bastante, pero no soy la protagonista.
¿Hasta qué punto Nora García es un alter ego de Margo Glantz?
Margo Glantz: Yo creo que somos todo lo que hacemos, y todo lo que hacemos forma parte de nuestras autobiografías. La mía es una autobiografía que tiene que ver mucho con la lectura y con la enseñanza, entonces todas las cosas que leo pasan por una digestión intelectual, y de repente ya no sé qué es mío y qué es de los demás, muchas lecturas se han convertido en parte de mi biografía. También me entusiasma mucho viajar, los viajes son parte importantísima de mi autobiografía, soy una viajera impertinente y total. Acepto cualquier viaje que me ofrezcan, aunque en principio diga: “¡Qué horror, para qué me voy ahí ocho días!”. Y si no tengo un viaje en mi futuro siento que ya no tengo futuro. Eso es algo que aparece mucho en mis novelas. Estoy haciendo un libro de viajes, porque en La Jornada llevo como diez años contando los viajes que hago, así que ahora estoy haciendo una especie de reestructuración de esos textos.
De viajes y turismo
¿De dónde proviene esa fascinación? ¿Tiene alguna idea al respecto?
Margo Glantz: Bueno, mis padres fueron judíos inmigrantes que llegaron hace muchísimos años en barco México desde Odessa, Ucrania. Además de eso, mi padre fue siempre un gran viajero. Yo recuerdo ir al aeropuerto de muy niña cuando mi padre volvía de Panamá, China, Brasil, etc., y me fascinaba que trajera regalos de todos los países del mundo, así que pensaba: “Cuando yo sea grande también quiero viajar así”.
¿Y hace distinción entre viajero y turistas, como en la famosa frase de Paul Bowles?
Margo Glantz: Mire, yo soy una viajera muy turista, una viajera que compra de una manera compulsiva. No puedo viajar y no comprarme un par de zapatos, en eso sí estoy completamente vinculada con Nora García. Les he preguntado a mis anfitriones esta vez dónde están tal o cual zapatería porque me quiero llevar un par de zapatos de ahí. Pero, bueno, en un viaje se intensifica la cotidianeidad, porque es una cotidianeidad completamente diferente a la que uno vive en su lugar origen o donde reside habitualmente. Todos los elementos de la calle, la vestimenta, los gestos de la gente, cómo están compuestas las vidrieras de las tiendas, las terrazas de los restaurantes, todo eso son cosas banales en las que me fijo y que me importa mucho trabajarlas en mis textos. Pero también me interesan los museos, los problemas políticos, leo con cuidado los periódicos. Y todo eso se va como trabando, trenzando, y va a servir posteriormente para las novelas, para mis textos periodísticos. Llevo diarios también, que luego utilizo para mis textos. Y en alguna medida todo esto es algo muy perverso, porque siempre tengo la impresión de que lo que estoy viendo, lo que estoy viviendo, se tiene que escribir. Lo cual es a veces muy desagradable porque le quita a uno la espontaneidad de vivir el momento, pero bueno, es algo que hago con mucha intensidad, con mucho placer.
Sor Juana Inés de la Cruz
¿En qué momento descubre a Sor Juana Inés de la Cruz?
Margo Glantz: La descubrí siempre porque soy profesora de literatura comparada y mexicana, y una profesora mexicana de literatura no puede no conocer a Sor Juana Inés. Es una de las más grandes escritoras, una de las más grandes poetas de la historia. La última gran poeta de los siglos de oro. La conocí desde siempre pero decidí entrar a trabajarla con intensidad y con seriedad a finales de los años 80. Porque es muy difícil Sor Juana, está muy vinculada con Góngora, con Calderón de la Barca, con la gran tradición de los siglos de oro. Empecé a trabajar con ella porque en 1989 me pidieron que hiciera una antología para la biblioteca Ayacucho en Venezuela y me tardé seis años en sentirme capacitada para hacer la antología. Ahora sigo trabajando en ella, aunque ya un poco me aburrió. Digo que ya me aburrió, pero de pronto me invitan a participar en algo relacionado, como la página [web] de la Biblioteca Virtual, y de pronto vuelvo a encontrarle una veta maravillosa porque es una mina Sor Juana, una poeta fascinante, con un manejo del idioma impresionante, autora de unos versos sublimes. Además de una protofeminista, lo que ella dice ha sido posteriormente tomado por las feministas del mundo y su pensamiento es de los más importantes. Es una escritora inagotable y que debería conocerse mucho más en España. Afortunadamente ésta página de la Biblioteca de Autor Cervantes Virtual va a ayudar a su difusión.
Ya que ha hablado de feminismo, ¿cree en la existencia de algo así como un “estética femenina” o una “sensibilidad femenina”?
Margo Glantz: Creo que sí. Creo que es una cuestión cultural, creo que responde a una serie de cosas que las mujeres hemos tenido que sufrir, ya ve, basta con abrir El País para ver la cantidad de asesinatos de mujeres que hay y que dan muestra clara del sexismo que aún existe. Mire, ahora justo estoy trabajando a una escritora española sensacional, anterior a Sor Juana, que es María de Zayas, a la que se trabaja poco todavía. Tiene una serie de novelas ejemplares, siguiendo un poco el patrón de Cervantes. Las primeras se llaman Maravillas y son historias de mujeres que han sufrido de una manera muy violenta por amor. La segunda parte se llama Los desengaños y narra historias en las que mujeres sufren cosas realmente pavorosas. Entonces, una mujer como María de Zayas o como Sor Juana, aunque ellas decían que el alma es andrógina, que no tiene sexo, siento que a través de su escritura ellas están demostrando que por el sexo que tuvieron las obligaron a escribir así y que las discriminaron por ser mujeres. Hoy en día hay muchísimas escritoras, grandes bestsellers, y hasta premios Nobel como la [Elfried] Jelinek, pero, por ejemplo, una grandísima escritora como Virginia Woolf tiene un texto tan importante como El cuarto propio en el que trata de definir cuáles son las bases, los fundamentos que una mujer necesita para poder producir, porque posee elementos muy diferentes a un hombre. Y creo que ese elemento cultural, sumado al tener a un cuerpo diferente, con funciones diferentes, aunque caiga yo en cierto esencialismo en el que no creo, pero creo que hay una serie de elementos que nos hacen escribir de manera diversa.
¿Tiene proclividad a la literatura escrita por mujeres?
Margo Glantz: No. Siento que hay una literatura de mujeres excesivamente condescendiente y que aprovecha ciertos elementos que la moda contemporánea les permite ser bestsellers. Y aunque admiro esa capacidad para escribir bestsellers, para narrar y contar historias de una manera tan extraordinaria que, como Isabel Allende o Angeles Mastretta o Laura Esquivel, provoca casi la necesidad de leerlas por lo atractivo de su escritura, creo que caen en lugares comunes de la feminidad que yo no comparto. Creo que mi propia escritura, aunque aparentemente banal, es una escritura muy fuerte, muy descarnada, sin ninguna complacencia. Ya ve cómo estoy de una inmodestia total hoy día. Pero, mire, a mí me dio mucho gusto que ganase el Nobel la Jelinek porque siento que ella, en una tradición de la literatura austriaca, tiene una forma de enfrentarse a la vida y los problemas desde una perspectiva femenina, que es muy importante de explorar. Ciertos elementos de masoquismo en la relación amorosa, ciertos elementos muy violentos que la literatura normalmente no relaciona con las mujeres. Creo que son aspectos de la vida que sólo las mujeres podemos explorar, porque nosotras tenemos esas vivencias, y si encontramos un lenguaje con qué expresarlo, la escritura de una mujer es, en ese sentido, diferente a la de un hombre.
¿A qué escritores o escritoras se siente cercana?
Margo Glantz: Me siento muy cercana unas escritoras mexicanas extraordinarias como Nelly Campobello, una escritora de la revolución mexicana, tiene un libro maravilloso que se llama Cartucho; o Elena Garro, quien fue mujer de Octavio Paz, tanto Los recuerdos del porvenir o La semana de coloresCumbres borrascosas de Emily Brönte, me parece increíble. Además de muchas escritoras estadounidenses como Flannery O'Connor o Mary McCarthy. En América Latina también hay grandes poetas como la argentina Alejandra Pizarnik, en Perú está Blanca Varela que es una poeta magnífica o una muy buena amiga como Rocío Silva. Todo esto no quiere decir que yo prefiera la literatura hecha por mujeres, leo por igual a hombres y mujeres.
¿Qué le apasiona además de la lectura y la escritura?
Margo Glantz: Comprarme ropa, zapatos. Irme a peinar al salón de repente. Viajar. Me apasionan mis hijas y mis nietos. Tengo muchísimos amigos, adoro hacer cenas en casa para que la gente esté contenta. Me gustan muchas cosas.
Si tuviera que elegir entre escribir y leer...
Margo Glantz: Leer. Creo que leer es el placer máximo. Acabo de terminar, por ejemplo, 2666 de Bolaño y me ha parecido maravillosa. Esa capacidad de fabulación, la maldad, la perversidad y a la vez ese sentido del humor. Es como volver a leer a Dickens, aunque obviamente son diferentes, pero es de esos libros que uno termina con tristeza. “¡Qué barbaridad –piensa–, se acabó este mundo maravilloso!”.
Fuente: Clubcultura.com (Diego Salazar).
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