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Hace pocos días, una nota ampliamente difundida tanto en los medios londinenses como en la prensa internacional señalaba: “Instan a las mujeres a evitar el velo islámico. Es por el aumento de ataques racistas y religiosos a musulmanes en Gran Bretaña. Ayer se anunció que aumentaron 600 por ciento las reacciones contra la comunidad islámica”.
Los ataques terroristas en Londres, como era de esperarse, han tenido una reacción en la población.
Los ataques racistas se han hecho presente de tal manera que se habla de un alarmante aumento de un 600 por ciento. Han atacado mezquitas y negocios de musulmanes. También ha habido agresiones físicas y verbales contra ciudadanos de apariencia musulmana, pero por sobre todo, las mujeres se han convertido en el blanco de los ataques a tal grado que se ha recomendado que dejen de usar el velo islámico.
En enero del 2004 yo iba de Londres a Leyton en el metro. Un hombre, apenas me vio con mi vestimenta islámica, comenzó a decir toda clase de insultos al Islam y no paró de gritar hasta que pude bajarme.
Recientemente una mujer musulmana iba por la calle, de pronto se detuvo un taxi y el chofer le dijo “señora, suba”. Ella se percató de que ella y su hijo pequeño eran las únicas personas en esa calle, pero como era de esperarse, desconfió de subir al auto, pero el chofer le dijo “viene una manifestación atrás” y no tuvo otra opción. En cuanto subió con su hijo al taxi, los enardecidos manifestantes lanzaron una piedra al automóvil.
En los medios de comunicación se habla mucho de lo oprimidas que estamos las mujeres musulmanas, que no tenemos derechos... si un hecho como este, lanzar piedras a una mujer con su hijo de 3 años, sucediera en cualquier otro país seguramente ya habría una campaña mediática a su favor, sobre todo si los agresores fueran musulmanes.
Se le quiere poner a los musulmanes todo tipo de adjetivos “fanáticos, intolerantes, opresores de las mujeres, terroristas”, pero acaso quienes hacen estos actos ¿son más civilizados? Es tanta su necesidad de revancha que han encontrado en las mujeres musulmanas con el valor (a sabiendas de las represalias) de salir a la calle con velo el blanco perfecto para descargar su odio.
En palabras del Dr. Nazreen Nawaz, portavoz de las mujeres del grupo Hizb ut-Tahrir en Gran Bretaña: “Más que decir a las mujeres musulmanas que dejen de llevar su vestimenta islámica, deberíamos exigir medidas para prevenir estos crímenes de odio que han sido incitados por la histeria anti-islámica, avivada por los políticos y los medios de comunicación. Los gobiernos occidentales deben dejar de radicalizar a su gente en contra del Islam y los musulmanes”.
Dejar de usar el velo por temor a los ataques de odio, sería, en cierta medida, como avergonzarnos de ser musulmanas y hasta decir que nos consideramos culpables y que no queremos que nos reconozcan. La mujer musulmana tiene pocas opciones: quedarse en casa, salir con el temor de recibir insultos (claro, tiene la culpa por ser musulmana y vestirse así) o, como sugiere la nota, quitarse el velo para no ser reconocida; las que opten por seguir usando el velo seguramente serán catalogadas como fanáticas extremistas... en fin, será difícil complacer a la opinión pública.
Como comentario final, me gustaría destacar el papel que tienen los medios. Sería digno de análisis el tratamiento que se le da a este tipo de noticias en que, tal parece, es imposible separar la palabra “terrorismo” del adjetivo “islámico”.
En una ocasión, en un diario de la ciudad de México, vi una nota que hablaba de terrorismo y como ilustración tenía la fotografía de una musulmana y su hija –ambas con velo– y me llenó de indignación el abuso de usar la fotografía de una musulmana que nada tenía que ver con lo que decía la nota. Con esto quiero decir que los medios van formando en la gente una imagen negativa sobre la población musulmana. En este caso, aunque la musulmana de la fotografía no tenía nada que ver con el terrorismo, cuando la gente ve a una en la calle inmediatamente asociará la idea.
Fuente: Ayesha Umm Kareem.
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