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19.09.2005
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ARTÍCULO
Por las “mujeres invisibles” de Perú
En La Casa de Panchita las mujeres aprenden a exigir sus derechos (Foto: BBC).
 
Cuando Haydée Massoni asiste a las reuniones con políticos o dirigentes de la sociedad civil en Comas, un barrio pobre en las afueras de la capital peruana, ya no le dicen Haydée ni señora Massoni. La llaman “Panchita”, haciendo referencia a “La Casa de Panchita”, organismo que trabaja por los derechos de las empleadas domésticas.

(Mujereshoy) Massoni es una de las cuatro personas coordinadoras de divulgación para una organización que se dedica a enseñar los derechos de las empleadas de servicio doméstico, uno de los grupos más discriminados y marginalizados en Perú.

La organización se llama “La Casa de Panchita”. “Desde que empecé a trabajar con el programa, la gente me llama Panchita cada vez que voy a una reunión. “Esta es una señal que indica que nos reconocen, pero todavía queda mucho por hacer para convertir ese reconocimiento en progreso real para las mujeres”, dijo Massoni.

Massoni se mudó siendo muy joven a Comas, un barrio pobre en el cono norte de Lima. Ella y su esposo instalaron una choza de esteras, que creció poco a poco hasta convertirse en la casa donde viven ahora. Sus ocho hijos ya son adultos.

Arañando la superficie

La Casa de Panchita se abrió en 1998 como un centro de atención para las empleadas domésticas. Es una ONG financiada por entidades extranjeras de beneficencia, y opera con un presupuesto anual de cerca de US$20.000. Aunque la organización ha venido jugando un papel en los esfuerzos para mejorar las condiciones de las empleadas domésticas, los organizadores dicen que apenas están comenzando a arañar la superficie.

Blanca Figueroa, fundadora de la Casa de Panchita, dice que uno de los primeros problemas es averiguar cuántas mujeres (casi todo el servicio doméstico en Perú está compuesto por mujeres o niñas) son empleadas domésticas.

“Nadie quiere identificarse a sí misma como una empleada doméstica, porque ese trabajo goza de una valoración apenas superior a la de la prostitución. Muchas de ellas ni siquiera consideran que hacen un trabajo y te dicen que le están dando una mano a un familiar o vecino”, dice Figueroa, quien empezó a trabajar en el tema en el decenio de 1970.

Invisibles

De acuerdo a las estadísticas del ministerio del Trabajo, hay aproximadamente 300.000 empleadas domésticas adultas. Figueroa sostiene que un estimativo conservador podría doblar la cifra dada por el ministerio, y cree que un nuevo proyecto que su ONG lleva a cabo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) OIT revelará que el número de niñas empleadas como ayudantes domésticas es mucho mayor. “Las empleadas domésticas mujeres y niñas son invisibles porque están dentro de las casas y simplemente no son contadas”, agregó Figueroa.

La OIT estima que cerca de 110.000 niñas menores de 18 años de edad son empleadas de servicio doméstico.

Concientización

Los comentarios de Figueroa tienen apoyo en los resultados de una encuesta llevada a cabo en enero de este año por el Centro de Estudios Sociales y Publicaciones (CESIP) en Lima.

De las personas encuestadas, 82 por ciento no veía ningún problema en que las empleadas domésticas trabajaran siete días a la semana y sólo 26 por ciento dijo que aquellas que trabajaban como internas en las casas (“puertas adentro”) deberían recibir un salario.

Apenas un 8 por ciento sabía que existe una ley que garantiza un día de descanso y un salario negociado.

El gobierno peruano aprobó la Ley de Empleadas Domésticas en 2003 para esbozar los derechos básicos que deben ser respetados.

Figueroa dice que la ley es un paso positivo, pero es difícil de hacerla cumplir.

Sin salud

El ministerio del Trabajo, por ejemplo, informó que sólo 40 por ciento de las empleadas domésticas tiene acceso a los servicios de salud, pese al hecho que la ley requiere afiliación a esos servicios para las empleadas domésticas de tiempo completo.

Uno de los esfuerzos principales emprendidos por La Casa de Panchita es aumentar el conocimiento entre las empleadas de servicio acerca de sus derechos.

El programa ofrece asesoría en búsqueda de trabajo y cursos en temas que van desde diseño de juguetes a lecciones de inglés.

Los esfuerzos de divulgación, como el que involucra a Massoni, buscan educar a los funcionarios de elección popular y a los dirigentes comunitarios acerca de los derechos de las empleadas domésticas.

Luisa Paucar, de 23 años de edad, ha venido tomando parte en las actividades patrocinadas por la Casa de Panchita durante los últimos tres años.

Dice que el programa no sólo le permitió enterarse de sus derechos, sino que le dio la fuerza para decirle a su empleadora que quería que esos derechos se respetaran.

“Es difícil para mujeres jóvenes como yo, que llegan a Lima del campo. No conocemos la ley y la gente se aprovecha. Yo recibí ayuda aquí y vengo cada domingo a apoyar a las nuevas niñas”, sostuvo.

Objetivos del Milenio

Las defensoras de los derechos de la mujer dicen que las dificultades confrontadas por las empleadas domésticas son parte de un problema mayor que ha evitado que Perú avance en el cumplimiento de las Metas del Milenio para promover igualdad de género y empoderar a las mujeres.

Maria Esther Mogollón señala que el gobierno peruano se ha concentrado en programas asistencialistas para mujeres en vez de enfrentar el verdadero problema, que es expedir y hacer cumplir la ley de igualdad de oportunidades, estancada en el congreso hace cerca de cinco años.

“Necesitamos una legislación que garantice derechos igualitarios para las mujeres, pero el Ministerio de Asuntos de la Mujer y Desarrollo Social se concentra en programas que suministran alimentos y otras formas de asistencia. Aunque esos esfuerzos son importantes, distraen la atención de los objetivos de igualdad y de empoderar a las mujeres”, puntualizó Mogollón, quien encabeza una coalición de 15 organizaciones conocidas como el Comité Coordinador de Mujeres por la Igualdad de Oportunidades.

Mujeres en pobreza absoluta

Las estadísticas gubernamentales sugieren que los hogares encabezados por mujeres tienen el doble de probabilidad de estar viviendo en condiciones de pobreza absoluta –definida como una familia de cuatro personas sobreviviendo con menos de un dólar diario– que los hogares encabezados por hombres.

Pero Figueroa dice que alcanzar los Objetivos del Milenio significa ver a mujeres pobres, incluyendo a las empleadas domésticas, no como empobrecidas, sino como marginadas.

“Necesitamos cambiar los conceptos. Necesitamos hablar acerca de los derechos de los ciudadanos más marginados en vez de acerca de los ciudadanos más pobres. Las mujeres son marginadas y las empleadas domésticas son todavía más marginadas”

Pequeños pasos

La ministra de Asuntos de la Mujer y Desarrollo Social, Ana María Romero, rechazó esas acusaciones, alegando que Perú está logrando grandes avances en alcanzar todos los Objetivos del Milenio.

Llama la atención sobre la campaña Cruzada Nacional por los Nombres, que apunta a asegurar que todas las mujeres y niñas tengan certificados de nacimiento y documentos de identificación.

Decenas de miles de mujeres adolecen de esos documentos, lo que técnicamente significa que no existen para la legalidad en Perú. “Tener un nombre y una identidad es uno de los derechos fundamentales. No estamos trabajando tan rápido como algunos quisieran, pero estamos logrando progreso en garantizar los derechos y la igualdad de las mujeres”, concluyó la ministra Romero.


Más informaciones:
Blanca Figueroa
Las Dalias 251 dpto 403
Miraflores
Lima 18
Perú
Teléfono: + 51 - 1 - 445 1469
Telefax: + 51 - 1 - 266 0944
E-mail: figueroa@terra.com.pe



Fuente: BBC Mundo.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003