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PANORAMA/Internacional
11.10.2005
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PUNTO DE VISTA
Huracán Stan: Sobre mojado
Cecilia Lavalle* (México)

 


Con el ánimo arrugado escribo. Arrugado de tanta agua que he visto caer sobre tanta gente de mi patria. Días y días de lluvia nos entregan su cuota de tragedia. Apenas si se puede creer lo que las imágenes televisivas nos muestran. Y eso ya es decir en un país como el nuestro, acostumbrado a que las tragedias lleguen año con año por la lluvia, los huracanes y la ecuación terrible que conforman los desastres naturales con la pobreza y la corrupción. Llueve sobre mojado.

El huracán Stan, degradado a tormenta tropical, ha causado verdaderos desastres en Chiapas, entidad a la que literalmente le llovía sobre mojado porque antes de Stan llovió tres días con sus noches. Los desastres se extienden a Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Puebla. Desastres a los que se irán sumando, lamentablemente, otras entidades en las que no para de llover o a las que inevitablemente les llegará, más temprano que tarde, buena parte de esa agua debido a los escurrimientos que propicia nuestra geografía. La mala noticia es que no han acabado las malas noticias.

Me asombran particularmente los daños en Chiapas, uno de los estados más pobres de México. En algún momento de mi vida debo haber aprendido cuántos ríos tiene México. Evidentemente lo olvidé, porque no daba crédito al saber que más de 70 ríos se han desbordado en Chiapas, arrastrando cuanto han encontrado a su paso. No deja de sorprenderme cómo de un día para otro los reporteros dan su noticia: ayer aquí había un puente, había una escuela, había una comunidad, y lo único que se ve por la televisión es un río de lodo con una fuerza increíble arrasando todo.

Por si quedaba alguna duda, hemos vuelto a constatar la furia con la que la naturaleza es capaz de andar sus caminos.

La danza de las cifras es inevitable. Sólo en Chiapas se habla de un millón de afectados, 400 pueblos incomunicados y unas 300 mil personas que no han podido recibir ayuda alguna por las condiciones del clima. Con todo y que suena terrible, los números no me dan la dimensión exacta de la tragedia hasta que veo a un hombre que se nota hace enormes esfuerzos por no llorar frente a las cámaras de televisión mientras dice: "ahí estaba mi casa y el trabajo de 20 años", o el rostro de desolación de una mujer que con lágrimas en los ojos cuenta: "perdí todo".

Y todo quiere decir todo. La desolación en Veracruz es muy similar.

Lamentablemente, parece que lo peor no ha llegado. Una vez superada la etapa de emergencia habrá que reconstruir caminos, puentes, casas y medios para sobrevivir.

Ivonne Melgar, reportera del periódico Reforma, recoge una de las declaraciones que dibujan bien el porvenir inmediato. En la reciente visita que hizo el presidente Vicente Fox a Veracruz, la regidora María Alejandra Reyes Lara, quien desde hace días organiza las acciones de auxilio en el albergue ejidal, le dijo al mandatario: "Nuestro pueblo está en la ruina, ayúdenos"; y le contó lo que le espera a la región del Papaloapan, donde 300 mil toneladas de caña se perdieron, al igual que sucedió con las tierras del mango en Chacaltianguis.

A partir de ahora, señaló, aumentará la tristeza que se tiene cada martes y cada jueves, cuando los hombres se van a Estados Unidos. La huida aumentará y entonces no sólo las madres se quedarán solas con sus hijos, sino que el pueblo se llenará de viejos olvidados. "Por eso yo pensaba pedirle que en vez de albergues, pongamos asilos". Es triste saber que cuando acaben las lluvias para muchos pueblos seguirá lloviendo sobre mojado.

Por si fuera poco, y como suele suceder en estos casos, las grandezas pero también las mezquindades salen a flote. Mientras la población se vuelca para donar apoyos en especie o dinero destinados a las víctimas; mientras las y los senadores aprobaron donar tres días de su salario, la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados retiró este jueves el punto de acuerdo por el cual los 500 legisladores aportarían también tres días de su sueldo, lo que equivaldría a 3.5 millones de pesos.

Y luego se preguntan por qué tenemos tan mala opinión de su trabajo y por qué el dinero que les pagamos de nuestros impuestos nos parece un escándalo.

Para acabarla, dio inicio ya el proceso electoral del 2006. Nos esperan varios meses de más de lo mismo que nos ha recetado la clase política en el último año, pero aumentado. Lo dicho, llueve sobre mojado.



*Periodista mexicana: cecilalavalle@hotmail.com


Fuente. Cimac Noticias.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003