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MOVIMIENTOS/Feminismos
12.10.2005
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ARTÍCULO
Reflexiones sobre un encuentro
El Encuentro terminó con una gran marcha por las calles de Mar del Plata (Foto: Artemisa Noticias).
 
El XX Encuentro Nacional de Mujeres de Argentina no terminó con el fervor de Rosario 2003 ni con el enojo de Mendoza 2004. Más allá de la masiva convocatoria, en Mar del Plata quedó claro que hay que hacer ajustes metodológicos si se quiere dinamizar un encuentro fundamental para las mujeres del país, que está decayendo entre las pujas internas y el embate de la Iglesia Católica.

(Mujereshoy) Sandra Chaher, co-directora del medio digital Artemisa Noticias, participó en el vigésimo Encuentro Nacional de Mujeres de Argentina que se acaba de realizar en Mar del Plata. En esta crónica, da cuenta de los obstáculos que se vivieron en este último encuentro nacional, el que es cada vez más masivo –participaron cerca de 30 mil mujeres–, y más cubierto que otros años por algunos medios nacionales –especialmente Página/12– pero al cual le está penando la presencia activa de mujeres que no tienen nada que ver con el movimiento feminista o con el movimiento organizado de mujeres. Este es su texto.

De carne somos

“Mar del Plata, Ciudad de Dios” decía el remolque instalado en medio de la Plaza San Martín. Justo donde se iba a hacer una manifestación contra la próxima visita de George Bush a la Argentina, frente a la Catedral, en el centro de la ciudad.

Una cuadra más allá, en la esquina de 25 de mayo y San Luis, justo a la vuelta de una de la Escuela 2, donde habían sido convocados gran parte de los talleres del XX Encuentro Nacional de Mujeres, chicos jóvenes, casi adolescentes, repartían papeletas con imágenes de fetos y consignas pro-vida.

– ¿A qué organización pertenecen? Porque estos papeles no están firmados.

– Somos jóvenes marplatenses que trabajamos por la vida.

– Además de no apoyar la legalización del aborto, ¿están acá por alguna otra razón?

– La educación sexual y la ley de sexos (sic). Dicen que ya no hay más machos y hembras (sic), que ahora hay muchos sexos– dijo uno que se presentó como defensor de la causa por ser padre de familia (la mater-paternidad adolescente no es privilegio de los laicos).

–¿Y no hay mujeres en su grupo?

– Sí, sí, pero están trabajando –e involuntariamente miró hacia la escuela.

Las mujeres católicas estaban “trabajando” dentro de los talleres del Encuentro Nacional de Mujeres (ENM).

A diferencia de otros años, en los que por lo general se prendían como garrapatas en los talleres específicamente más reñidos, como Anticoncepción y Aborto, Sexualidad, o Estrategias para el Acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en Mar del Plata las mujeres católicas estuvieron en casi todos lados, de las formas más sutiles hasta las más obvias.

El espíritu de los ENM es de autoconvocatoria y promueve el debate pluralista, sin distinciones de identidad de ningún tipo. Esta premisa es la que habilita que las mujeres católicas se inscriban. Llegan con un programa pautado y empiezan a tirar los temas en los talleres: no a la legalización del aborto, no al uso de preservativos, no a las relaciones sexuales sin fines procreativos, y sí a las familias tradicionales y a la sociedad instituida.

Después de tres encuentros (Rosario 2003, Mendoza 2004, y Mar del Plata 2005), donde el enfrentamiento entre la mayoría de las mujeres presentes, y de la minoría católica, hizo insostenible el funcionamiento y demoró los debates, muchas están planteándose modificaciones metodológicas de cara al próximo encuentro para que los ENM no se estanquen.

“Ya estamos reflexionando de qué manera los aparatos partidarios y la Iglesia no definan nuestra estrategia. Pero eso es parte de un debate que debemos darnos las feministas y en el que hay también diversidad de opiniones”, dice Alejandra Dominguez, integrante del Servicio a la Acción Popular (SEAP), de Córdoba, una organización no gubernamental (ONG) que integra el Movimiento de Mujeres de Córdoba, compuesto por más de 20 organizaciones. “Tenemos espacios de encuentro a lo largo del año y ahí supongo se irán generando articulaciones.”

En los talleres de Anticoncepción y Aborto fue prácticamente imposible avanzar. De un lado de las salitas de la escuela se agrupaban las mujeres católicas, de todas las edades, bien vestidas, cargadas de estadísticas con las que apoyar el dogmatismo de los argumentos. Del otro lado de la sala, mujeres, travestis y transexuales, de todas las clases sociales y todos los puntos del país. La discusión era imposible. En algunas aulas se contestaban directamente con cánticos de hinchada. Y apenas sucedido algún episodio de mínimo enfrentamiento aparecía en las puertas de las escuelas un patrullero (y no pasó sólo en la Escuela 6 donde se debatía el tema del aborto, también en la 5, donde estaban los talleres de feminismo). ¿Quién lo había llamado? ¿Las mujeres católicas, la comisión organizadora? Misterio. Pero ahí estaban: los patrulleros y los maridos de las mujeres católicas. Sí, porque una de las cosas que se les puede envidiar es la capacidad de movilizar a los varones. Aunque es cierto que ellas están ahí defendiendo intereses que benefician a ellos.

Había talleres, como el de migraciones, en el que no se manifestaron abiertamente posiciones pro-vida, pero se impidió que en las conclusiones figurara el apoyo al indulto a Romina Tejerina porque “ella asesinó a su hijo”. Y en el de feminismo, la batahola que terminó con mujeres exaltadas y varones vigilando que nada se descontrolara, empezó porque el domingo a la tarde, momento de armar las conclusiones, un grupo de mujeres (católicas) intentó meter la discusión sobre el aborto mientras las demás les gritaban que para eso se fueran a los talleres de aborto.

“El de Familia también estuvo muy peleado”, cuenta María Rachid, coordinadora de La Fulana, una agrupación lesbiana de Buenos Aires. “Se discutió la función de la familia en la sociedad, se planteó revertir la función normalizadora y el tema de familias alternativas, pero fue complicado.”

– En uno de los talleres de aborto salió la moción de que para el año que viene existan talleres de estrategias para mujeres que apoyan la legalización del aborto y para las que no lo apoyan, ¿te parece una estrategia adecuada para que no se siga frenando la discusión sobre el aborto?

– No, yo creo que hay que seguir discutiendo con las católicas. Porque si no vamos a perder a las mujeres que vienen sin estar muy convencidas de una posición o de otra, pero se van llenas de reflexiones e incluso se inclinan por la despenalización. Y esa transformación se da sólo en el contacto con las diferentes. Sí creo que debería excluírselas de los talleres de Estategias para el Acceso al Aborto, porque ahí justamente hay que avanzar con acciones concretas. Pero hay chicas de La Fulana, que llegaron el sábado, siendo católicas practicantes, chicas que en Buenos Aires van a misa, y estaban en el escrache a la catedral.

“Ya no se puede sostener lo que está pasando en relación con el aborto”, dice Irma Susanich, una marplatense integrante de la comisión organizadora. “Hay que evaluar cómo seguir el año que viene. Porque así como estamos ahora no avanzan las que quieren despenalizar ni tampoco las otras que lo consideran un asesinato.”

Problemas superestructurales

Para muchas de las feministas presentes, con varios encuentros encima, parte de lo que está sucediendo tiene que ver con la cooptación de la comisión organizadora por parte del Partido Comunista Revolucionario (PCR) con su línea sindical, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), liderada por el Perro Santillán.

La otra parte tiene que ver con ellas mismas y su dificultad para oponer una estrategia organizada, desde el movimiento feminista de todo el país, que permita frenar el manijeo de los ENM.

En el medio quedan miles de mujeres que asisten al encuentro desde lugares remotos, la mayoría vírgenes de estas luchas internas, pero que si las cosas siguen como hasta ahora, se vuelven con menos de lo que podrían haberse llevado de un encuentro que por única vez en el año reúne a feministas, militantes políticas, trabajadoras, mujeres rurales, amas de casa, mujeres con identidades totalmente diversas en cuanto a procedencia, edad, religión, clase social, y raza. Porque aunque las pujas internas no hayan sido explícitas, redundaron en un empobrecimiento del debate.

“Desde 1996 las comisiones organizadoras han sido dominadas por el pensamiento político de la CCC y el PCR, y el problema es que ellas interponen los intereses y reivindicaciones partidarias por encima de los intereses del movimiento de mujeres en su conjunto”, dijo la abogada de Buenos Aires Nina Brugo en el transcurso del acto de clausura en el Polideportivo. Mientras, como si sus palabras obraran un hechizo, el escenario se llenó de mujeres con remeras blancas con la inscripción CCC, que subieron a respaldar la elección de Jujuy como sede para el ENM del 2006. Antes, Córdoba había declinado por segundo año consecutivo su nominación. “Las presionaron”, fue el rumor.

“Este acto es un desastre”, dijo acercándose Mabel Gabarra, de Indeso de Rosario, y una de las integrantes de la comisión organizadora del 2004. “La elección de la sede del próximo encuentro no debe presentarse así, poniendo como argumento que hay que hacerlo en Jujuy para apoyar la libertad de Romina Tejerina. La libertad de Romina es algo que queremos todas las mujeres de este país, pero hay que defenderla con movilizaciones y con una pelea en la justicia. Poner esta consigna es una clara digitación del PCR para que se haga en Jujuy.”

El enojo no fue sólo por el manijeo y la utilización partidaria de una causa como la de Romina Tejerina, que todas levantan como bandera propia (un caso en el que están concentrados los abusos y el control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres: violación, aborto, y ausencia de contención y comprensión de estados emocionales), sino porque, según manifestaron muchas, Córdoba es garantía de democracia, pluralidad y masividad del encuentro.

La organización del movimiento feminista cordobés no tiene parangón. No sólo por la cantidad de organizaciones activas, sino por haberse conformado como movimiento con una agenda común, algo que no sucede en otras provincias. Por otra parte, su centralidad geográfica facilita el acceso desde todo el país. Llegar a Jujuy no será tan fácil.

“Lo importante es que las comisiones directivas de los encuentros estén integradas por feministas, más allá de los partidos a los que pertenezcan”, señala la psicoanalista Martha Rosenberg, integrante del Foro por los Derechos Reproductivos y una de las impulsoras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito. “Poner este encuentro bajo la invocación del repudio a Bush indica una intención partidaria clara y fuerte. Ni siquiera se lo relacionó con la problemática de la mujer, no hubo ninguna especificidad. Bush y Romina Tejerina son parte de la política del PCR, es una estrategia en contra de Kirchner. Tejerina se transformó en un símbolo que les cayó justo en Jujuy. Y por otro lado, hay un compromiso del PCR de mantener a las mujeres católicas dentro de los encuentros porque ellos están buscando ampliarse, y lo están haciendo entre las católicas de base. Al PCR no le interesa el feminismo. Eso se vio en la marcha, cada vez que había un cántico sobre sexualidad o lesbianismo, ellas ponían mala cara.”

Mezcladitas, pero no tanto

Llama la atención la ausencia de académicas e intelectuales en los ENM, esas mujeres que construyen con su discurso la agenda feminista de buena parte del país.

La mayoría de las pocas pocas porteñas feministas e intelectuales anduvieron dando vueltas por los talleres de aborto y sexualidad, donde se sabía que se darían las discusiones políticas. En otros talleres, con temas menos calientes, como trabajo, migraciones, medio ambiente, e incluso política, no estuvieron.

Si bien los ENM siempre fueron enriquecedores por la variedad de mujeres que comparten sus experiencias y testimonios, hay temas que podrían ser más profundizados con el aporte de quienes investigan sobre ellos. Si a la experiencia vital de las compañeras de Zanón, Pepsico, Brukman o el Garraham que se contaron en los talleres de trabajo, por ejemplo, se le hubiera aportado una mirada macro sobre la situación laboral de las mujeres, el intercambio habría enriquecido a unas y otras.

Pero parece haber un prejuicioso divorcio entre intelectuales y mujeres de base.

“Las intelectuales feministas están ausentes totalmente en los encuentros”, continúa Rosenberg. “Hay un fuerte prejuicio hacia el saber académico. Despierta mucha bronca que alguien sepa de un tema y no hable sólo desde la victimización. Se presupone que si alguien sabe, está dominando. Esto antes era reemplazado por una fuerte impronta testimonial, pero ahora, con el tono partidario, eso disminuyó y se emprobrecieron los intercambios.”

Nina Brugo recuerda que cuando en 1996 se hizo el ENM en Capital, “parte de las organizadoras propusimos hacer talleres temáticos con especialistas que participaran tirando disparadores. La idea era intercambiar, no proponer jerarquías. Pero muchas compañeras se opusieron. Para los partidos políticos esto es un problema, porque no queda en primer plano su propuesta partidaria”.

“El rechazo hacia el feminismo también tiene que ver con su pertenencia a una ‘clase media ilustrada’. Y este divorcio redunda en una exaltación de la pobreza y la victimización”, señala la socióloga María Alicia Gutiérrez, también integrante del Foro por los Derechos Reproductivos. “Pero lo cierto es que aunque el feminismo sea minoritario cualitativamente en los encuentros de mujeres, no lo es en su historia.”

“Yo creo que muchos de los problemas que estamos teniendo salen de la loca fantasía de que las mujeres somos todas maravillosas e iguales”, apunta Rosenberg.

De carne somos

Lo cierto es que no somos sólo putas o castas, sometidas o dominatrices, ebrias o asbtemias, locas o cuerdas, entre todas las dicotomías imaginables. Somos de todo un poco. Y, sobre todo, de carne somos.

Algunas históricas cuentan que hasta antes de Rosario, en el 2004, los ENM habían decaído, y que los revitalizó el lanzamiento, allí, de una estrategia nacional para luchar por el acceso al aborto, el lema que se volvió unificador casi sin distinciones. En la marcha de cierre de Mar del Plata todas portaban sus pañuelos verdes, aunque en los talleres no se hubiera logrado consenso. “Es contradictorio el estado público que hay en relación al aborto, con todas las mujeres con los pañuelos y cantando las consignas, y el debate en los talleres”, señala Gutiérrez. “Acá no se avanzó en el debate sobre el aborto, pero sí en la campaña.”

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto surgió precisamente en un taller de Estrategias por el Derecho al Aborto en Rosario, hace dos años.

Y en otro taller, este año en Mar del Plata, se decidió hacer una Marcha Federal por el Aborto el próximo 25 de noviembre, Día de Acción contra toda Violencia hacia la Mujer.

Pocos países pueden enorgullecerse de haber realizado 20 encuentros nacionales de mujeres consecutivos y haber logrado, como en Mar del Plata, la presencia de más de 30 mil mujeres.

El movimiento de mujeres en pleno –feministas, lesbianas, militantes partidadarias, travestis, trabajadoras, intelectuales, y sigue el listado– tiene claramente un desafío por delante.

Pero no es poco lo logrado. Y aunque el debate se demore o estanque, como dice Rosenberg, “es cierto que hay talleres donde siempre se empieza de cero, pero el nivel de cero no es el mismo año a año”.



Fuente: Artemisa Noticias.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003