|
(Mujereshoy) La candidata a la Presidencia de Chile, Michelle Bachelet, declaró hace algunas semanas que en su eventual gobierno instaurará un gabinete paritario, es decir, el mismo número de hombres que mujeres serán ministros, subsecretarios y jefes de servicios. Sus palabras no tardaron en generar polémica.
Si bien algunos sectores reconocieron que estas medidas podrían ayudar a renovar los anquilosados liderazgos políticos, otros argumentaron que con la discriminación positiva hacia las mujeres se deja fuera a los más capacitados, que no es necesario andar fijando cuotas de poder, que no participan porque no quieren.
Patricio Navia, doctor en ciencias políticas y profesor de la Universidad de Nueva York, en su columna en el diario La Tercera manifestó que “se podría pensar que la promesa de paridad realizada por la abanderada constituye un error de política pública, una promesa demasiado difícil de cumplir o sólo una declaración de buena intención”. Navia argumentaba que Bachelet contaba con 14 mujeres y 17 hombres en su comando de campaña, por lo que no había logrado imponer la igualdad de género a los partidos políticos ni siquiera en esa instancia.
Pero la candidata no se dejó amilanar por los comentarios y en el Seminario Internacional Democracia y Paridad en Chile, organizado por Oxfam, Corporación Humanas y el Instituto de la Mujer, entre otros, el 29 de septiembre, día de su cumpleaños 54, reafirmó sus dichos, anunciando que la paridad en el gabinete sería un primer paso, aunque simbólico, contra la desigualdad.
Se espera que luego surjan otras iniciativas en este sentido, como una ley de cuotas, que imponga un determinado porcentaje de mujeres en el poder, ya sea en el Ejecutivo, en el Parlamento, en las listas de candidatos y puestos de decisión de los partidos políticos o en otros ámbitos.
“No se puede ser profundamente democrático excluyendo la participación de las mujeres”.
Chile cuenta con un 10,7 por ciento de mujeres en el Parlamento y un 89,3 por ciento de hombres. En el Parlamento Europeo, en tanto, hay un 30,3 por ciento de mujeres y un 69,7 por ciento de hombres.
Basta sólo con mirar las noticias para darse cuenta que el número de mujeres en posición de poder en Chile y en América Latina es mucho menor que el de hombres. Las impulsoras de la igualdad de género en la política argumentan que esta es una gran falencia de la democracia, que no está permitiendo la participación de todas las personas por igual.
“Nuestra población está conformada por un 52 por ciento de mujeres y las mismas no están representadas en aquellos lugares en donde se deciden las políticas para todos.
Por lo tanto, tenemos que aumentar la calidad de la democracia, profundizar la democracia y tener justicia con los integrantes de una sociedad”, señala Mónica Xavier, senadora del Frente Amplio de Uruguay y una de las participantes del seminario.
En este sentido, las cifras son decidoras. Si bien el 52,1 por ciento del electorado chileno está compuesto por mujeres, los cargos públicos a los que acceden son minoritarios: sólo el 27 por ciento de los concejales y el 12 por ciento de las alcaldías. En el Poder Legislativo la diferencia se hace aún más evidente con un 12,5 por ciento de representación en la Cámara Baja y sólo un 5 por ciento en el Senado.
Y no se trata de falta de interés. De acuerdo a una encuesta realizada a chilenas inscritas en los registros electorales, entre mayo y junio de 2005 por el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y la Corporación Humanas, con el auspicio de Oxfam, un 49 por ciento de las mujeres consultadas se manifestó entre muy interesada e interesada en la política. Asimismo, al ser consultadas sobre las dificultades que enfrentan las mujeres en la política, un 38,2 por ciento lo atribuyó a que los hombres no les dan espacio y un 26,1 por ciento a que la política está hecha por hombres.
A datos como estos apelan quienes promueven una ley de cuotas que fije una cantidad mínima de mujeres que deben acceder a puestos de relevancia. Entre los argumentos plantean, además, que los avances femeninos de las últimas décadas las sitúan en niveles educacionales y de preparación igual o superiores a los de los hombres, por lo que no se justificaría su ausencia en ámbitos de poder.
“La mujer latinoamericana ha sido partícipe de muchas revoluciones que no se le reconocen y una es la educativa. La mujer, en promedio en América Latina, tiene en estos momentos, más educación que los hombres. La diferencia no es muy grande pero, tiene más educación, por lo menos en la mayoría de los países (…) Entonces, como partimos con que hay un contingente de mujeres capaces, tan o más preparadas que los hombres, ahí tiene todo el sentido del mundo la ley de cuotas”, explica Cecilia López, ex ministra de Colombia y actual precandidata del Partido Liberal a la Presidencia de ese país.
“Si tenemos que esperar la Historia para que se reconozca todo este esfuerzo que las mujeres han hecho, podemos llegar al 2050, de tal manera que eso hay que forzarlo y eso es el papel que cumple la ley de cuotas”, agrega la política, quien además es presidenta de la Fundación Agenda Colombia.
En países latinoamericanos donde se ha implementado la ley de cuotas con gran impacto, como Argentina, la representación femenina en el Parlamento aumentó a un 30 por ciento. En Colombia, en tanto, aún no se supera el 12 por ciento. En el caso de Uruguay, si bien el proyecto de ley no fue aprobado, se espera presentarlo nuevamente pero, no imponiendo cupos para las mujeres, sino un piso mínimo.
“Las mujeres cuando plantean las cuotas ya se están discriminando negativamente. Cuando nosotros ponemos un piso, una cuota, lo que estamos haciendo es abriendo una posibilidad, que tiene que ser forzada porque naturalmente no se da. Cuando hay desigualdades en una sociedad, sean de la naturaleza que sean, si se le da lo mismo a todos, lo único que hace es perpetuar la desigualdad, por tanto, aquel que está más abajo, hay que darle un empujoncito, hay que hacerle piecitos como decimos nosotros en Uruguay. Después dependerá de los talentos y virtudes, como dice la Constitución de mi país, el que lleguen unas o unos y no lleguen unos u otras”, plantea la senadora Xavier, quien asevera que “no se puede ser profundamente democrático excluyendo la representación de las mujeres”.
A ellas se les exige más
En el 2004, la Organización de Naciones Unidas situó a Chile en el Nº 43. Al considerar la igualdad de oportunidades en la vida política y económica en hombres y mujeres (Índice de Potenciación de Género, IPG), Chile desciende al puesto Nº 58.
Quienes se oponen a la paridad cuestionan los mecanismos que incluyan mujeres por el sólo hecho de serlo y no por las capacidades que ellas tengan para desempeñarse en los cargos. Señalan que este sistema inevitablemente deja fuera a muchos hombres capacitados.
Aunque Cecilia López acepta que este argumento puede ser verdad en algunos casos, no lo considera lo suficientemente válido debido al desempeño que han tenido los hombres en la política.
“Cuántos hombres tontos hemos tenido en los gobiernos, cuántos hombres incapaces… si hubiéramos tenido los mejores, porque los hombres son los que han estado en el poder, hoy esta región sería otra cosa, pero estamos muy lejos de que esta región sea modelo en nada (…) Si ustedes son el modelo (Chile), miren el resto. América Latina no tiene una senda de crecimiento como la que tiene Asia ni un proceso de modernización y somos la región más desigual del mundo, eso es una vergüenza. Entonces, los hombres, si hubiéramos tenido los mejores, los más capaces, les aseguro que tendríamos el milagro americano ¿Por qué si a los hombres no se les ha exigido que sean los más capaces, por qué se les va a aplicar esa regla a las mujeres?”, expone la precandidata presidencial colombiana.
En este sentido, una de las mayores barreras que enfrentan las mujeres en los cargos de poder es tener que demostrar constantemente que son capaces. A ellas, aseguran las expertas, se les exige mucho más que a los hombres, tanto en su desempeño profesional como en la vida privada. Un claro ejemplo de esto es que en la mayoría de las entrevistas a políticas se les suele consultar sobre su vida personal.
“Nosotras no podemos darnos ninguno de los lujos que se dan los hombres que están en el poder porque cualquier cosa que nosotras hagamos se ve el doble. A nosotras no nos separan la vida personal de la vida profesional. Hay hombres que son un desastre como padres, como maridos, pero si es un buen ejecutivo, un buen ministro, nadie mezcla. Las mujeres que tenemos que ser buenas mamás, hasta buenas mozas, elegantes, inteligentes, ejecutivas, perfectas.
Entonces, las exigencias que se nos hacen nos obligan a que, sea como sea, las mujeres terminan haciendo un esfuerzo mucho mayor. Conciente o inconscientemente, las mujeres del mundo y más en América Latina, cuando llegan a estos niveles de poder, están en período de prueba, tienen que demostrar que lo hacen muy bien”, declara Cecilia López.
Desde este punto de vista, quienes estudian el tema aseguran que para que la paridad en el poder sea una realidad, hay que empezar por la igualdad en el hogar y los roles.
Fuente: Foro Ciudadano.
|