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NO + VIOLENCIA/Intrafamiliar
05.12.2005
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Sara Más

 


Todavía conforman un grupo reducido, discreto, que va sumando nuevos integrantes en el vecindario para convencer a otros hombres de que ellos también pueden y deben unirse para enfrentar la violencia, en sus más variadas expresiones.

(SEM) Lo que comenzó informalmente, con los primeros interesados, se ha convertido en un grupo de Hombres contra la violencia, que funciona hace varios años y reúne ya a cerca de 15 varones de diferentes edades, interesados en atender los problemas generados por la violencia y ayudar a enfrentarlos en su propia vecindad, Atarés-El Pilar, en la capital cubana.

Atarés es un barrio marginal del municipio Cerro, con casas pequeñas, colindantes, ciudadelas y solares, donde la gente hace la vida virtualmente de cara a la calle, con las puertas y las ventanas abiertas de par en par. Allí, por tradición, gozan de fuerte arraigo los cultos afrocubanos, los oficios artesanales y también situaciones de antigua data, como el embarazo adolescente o la violencia, dentro y fuera de casa.


Parte del problema

“Los hombres somos parte del problema y también de las soluciones”, asegura Toni Martínez, uno de los promotores de la iniciativa a la cual se unieron nuevos integrantes durante el taller de reflexión La Práctica no Natural de la Violencia, celebrado en el barrio como parte de las acciones en el país por los 16 Días de Activismo en contra la violencia de género.

Al encuentro, que contó con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), asistieron medio centenar de participantes, expertos, actores sociales e integrantes de la comunidad.

El grupo de Hombres contra la violencia se inspira en otras experiencias de ese tipo desarrolladas en Nicaragua y se inscribe como parte de la labor del Taller de Transformación Integral del Barrio, creado desde 1988 para fomentar el desarrollo de la localidad con el concurso de sus propios habitantes.

“Siempre hemos tenido alguna experiencia relacionada con la violencia, aunque haya sido “por amor”: así nuestros padres nos han pegado, aunque sólo fuera para enseñarnos. Ahora se tiene más conciencia de que no hay por qué repetir el método”, comentó la nicaragüense Yolanda Hernández, colaboradora del taller de transformación del barrio.

La primera vez que escuchó hablar del tema, allí mismo, Toni Martínez sintió que le ayudaban a liberarse de un peso enorme. “Fue una manera de quitarme de encima un poco de mi propia violencia y parte de los problemas que ni por mi cabeza pasaban que yo mismo tenía”.

Martínez habla en voz baja, seguro de lo que dice. “Yo no reconocía la violencia; crecí en ese medio y para subsistir me valí también de ella. Andaba perdido, en la calle, y el taller me rescató”, asegura el joven negro de 33 años de edad. El tipo de vida que llevaba la resume en una frase: “Me interesaba más tener un problema que comerme un plato de comida”, comenta.


Mucho Machismo


Un primer taller de trabajo con especialistas del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, en La Habana, y luego intercambios y capacitaciones con otras personas y colaboradores, incluida la nicaragüense Hernández, le fueron dando herramientas para conformar el grupo.

Por ahora han propiciado encuentros en la propia sede del taller, donde funciona la Casa Comunitaria del Barrio. Allí se reúne el pequeño grupo de hombres para debatir una película, leer un material, discutir un tema. La idea es seguir introduciendo la reflexión en ese y otros espacios del barrio, seguirse acercando a la población masculina, “donde hay muchos hombres que ejercen la violencia, pero también la reciben desde que son niños”, señala.

Las propias condiciones y cultura del lugar se tornan a veces en impedimento para el trabajo, explica. “Hay mucho machismo. Desde chiquitos nos enseñan papeles diferentes a hombres y mujeres, y si cruzas esa línea hasta las propias mujeres te lo cuestionan”.

Entre otras acciones, precisa, se trata de hacerles entender a los varones que detrás de esas formas de violencia hay relaciones de poder que ,a veces ,ejercen los padres sobre sus hijos, pero otras veces el hombre contra la mujer, o todos contra las ancianos.

“Los hombres son portadores de violencia cuando ejercen el poder, desigualmente, y muchas veces ni son conscientes de eso”, señala el joven y admite que aún hace falta capacitar a más personas y multiplicar experiencias positivas para ayudar a deconstruir un modelo de masculinidad que refuerza el ejercicio de la violencia.

El trabajo del grupo entraña, según Toni, enormes retos. “Es un poco difícil, porque primero tienes que aclarar los conceptos, lograr que los demás te escuchen y te entiendan, para que luego puedan comprometerse con intentar cambiar ellos mismos y ayudar a los demás”, precisa.


Fuente: Servicio de Noticias de la Mujer (SEM)

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003