• PANORAMA
• VIDA COTIDIANA
• ESPACIOS
• MOVIMIENTOS
• NO + VIOLENCIA
• MEMORIA
• PUNTO M
• CIBERTALLER
• Agenda
• Galería de   Maitena
• Resultado   Encuestas
PANORAMA/Política
18.01.2006
Google
www mujereshoy
No saldrá Eva de la costilla de Evo
CARTA A MICHELLE BACHELET
La hora de Chile
Argentina: Por fin mujeres en el gabinete
¿Quién le teme a Michelle?
México: Feminista competirá por un curul en el Congreso
Sara Lovera presenta candidatura a diputada por el PRD
Sonia Rivera y los límites de lo prohibido
PUNTO DE VISTA
Evo y Michelle : ¿Indios y mujeres al poder?
Sonia Montaño V. (*)

 


Hace un mes celebramos la elección de Evo Morales en Bolivia y el domingo 15 de enero de 2006, fue el turno de Michele Bachelet en Chile. Ambas elecciones son- desde el punto de vista simbólico- expresiones de profundos cambios en la cultura democrática de la región. El primero porque rompe con el racismo abierto y soterrado que caracteriza la vida política boliviana. La segunda porque quiebra la cultura patriarcal de una sociedad con fuerte influencia religiosa donde el derecho al divorcio recién se conquistó el año 2004. Bolivia y Chile bailaron en las calles luego de las elecciones, celebrando no solo el mentado giro a la izquierda de la política regional si no la irrupción democrática de expresiones originales de las políticas de la identidad.

Morales representa a los indígenas en el sentido de que en el se proyectan los indígenas de la región. Morales es más que el presidente de los bolivianos, es el símbolo de una vasta diversidad de pueblos y culturas y en el se juegan todavía las esperanzas de quienes han pasado escasamente por el poder. De igual manera Bachelet encarna el gobierno de las mujeres.

Y es que ambos, mujeres e indígenas son objeto de deducción al mínimo común denominador. Como expresiones de grupos sociales discriminados no existen en plural. El indio equivale a los indios y la mujer a las mujeres. Su elección todavía de excepcionalidad los coloca en la mira de una sociedad sorprendida con sus propias elecciones, una sociedad que los eligió porque encontró que ellos forman parte de la parte oculta y deseada de identidades oprimidas pero no vencidas como dice la socióloga Silvia Rivera . En ambos países las élites políticas han resistido la diversidad suplantando las políticas de igualdad por la homogenización y en un estilo heredado de la colonia han abolido todas las diferencias. El lugar del "otro" es ocupado por los indígenas y las mujeres quienes además son subsumidas en el genérico masculino. Tuvimos que transitar el camino de las democracias post dictatoriales para que se revalorice el voto y los derechos civiles y por otro lado, afloren las insuficiencias de los sistemas de partidos para agregar las demandas sociales.

Recuperando la plaza ciudadana

Indios y mujeres recuperaron la plaza ciudadana para entrar a la política de la mano de quienes entendieron que las instituciones democráticas padecen un déficit democrático - valga la redundancia- y requieren un impulso desde la sociedad civil para recuperar su legitimidad. Los representados pidieron participación y ambos candidatos basaron su oferta en este principio ofreciendo cambiar las formas de dicha representación.

Indios y mujeres comparten trayectorias similares en la conquista de la ciudadanía. Ambos conquistaron el derecho a voto mucho después que los hombres blancos y letrados, cuando lo hicieron aun tuvieron que esperar mucho tiempo para ser elegidos , lo que en Bolivia se conoció peyorativamente como " voto campesino" en alusión l voto manipulado que beneficiaba a las élites políticas. El mito de las mujeres como especialmente devotas de la derecha, faltas de conciencia política e incapaces para gobernar se extendió a los indígenas de quienes también se suponía que no estaban suficientemente dotados para gobernar. Al principio fue por analfabetos y luego por todo lo contrario. La élite política recurrió a los esteretipos justificando las ausencias porque los unos habían nacido para servir como trabajadores manuales y las otras como cuidadoras naturales de la familia. Todavía hoy se los trata como los recién llegados a la política y se borra de la historia sus luchas, conquistas y visiones.

Mujeres e indígenas comparten también las luchas por legitimar sus derechos frente a estructuras políticas fundadas en criterios de clase o nociones de ciudadanía excluyentes. Para indígenas y mujeres la educación fue el capital mas valioso porque gracias a ella o mas bien a pesar de ella surgieron élites aymaras, quechuas e intelectuales feministas capaces de articular propuestas, formular agendas y liderar procesos que en este nuevo siglo aparecen abriendo sendas para el reconocimiento de la diversidad cultural y de género en el contexto de democracias respetuosas de la diferencia.

Caminos recorridos

Tanto indígenas como mujeres de ambos países recorrieron caminos donde se combinaron momentos de construcción institucional dentro de los límites del estado; de allí surgieron Ministerios de Asuntos Indígenas y Ministerios de la Mujer desde donde se desarrollaron importantes prendizajes en la gestión y control ciudadano de las políticas públicas.

Mujeres e indígenas también se enfrentaron al estado, sus leyes y procedimientos, pero es precisamente en este ámbito donde ambos movimientos sociales mostraron aspectos específicos de la cultura política que naturaliza conductas propias de hombres y mujeres. Los indígenas mayoritariamente liderados por varones echaron mano
de una retórica y acción mas jerárquica, las palabras y las formas se alimentaron de estilos mas cercanos a una cultura militar y a ratos hasta totalitaria donde la disidencia en política se ve como traición. En el caso de Bolivia la alianza entre pueblos indígenas, sindicatos cocaleros , con sectores militares y policiales forma parte de una simbología heredada del sindicalismo minero y las experiencias surreccionales. La política de las calles sacudió a Bolivia durante muchos años antes del triunfo de Morales.

En Chile Bachelet le ha dado una impronta afectiva a la política vinculando la vida privada con la política, integrando en su agenda de estabilidad macroeconómica e igualdad social aspectos imprescindibles de calidad de vida en la familia y las relaciones interpersonales. A Morales lo acompaña la multitud y a Bachelet la ciudadanía. Morales es protagonista de la revuelta y Bachelet de la reconciliación.

Finalmente advertir que ambos arriesgan, el desarrollo de políticas de la identidad que suponen erróneamente que la historia es un destino ligado a la condición biológica. El feminismo cuenta en ese sentido con un amplio bagaje conceptual y político que critica el esencialismo filosófico y el
fundamentalismo político. Mujeres e indios podrán cambiar la historia provisto que en su accionar político se despojen de todas las servidumbres, incluida la sumisión a la tradición y la cultura y trasciendan la representación de sus identidades llegando a realizar acciones sustantivas para todos y todas. Deberán gobernar pues tomando las mejores decisiones y sus mandantes reconocer que los eligieron no porque son iguales a ellos y ellas si no porque son mucho mejor.

* Sonia Montaño, socióloga feminista boliviana.



El portal de las mujeres latinoamericanas
Quiénes somos | Sobre este portal | Contacto
Todos los derechos reservados © Isis Internacional 2003

Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003