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Rosa es una niña nicaragüense de nueve años, embarazada tras ser violada en una hacienda de Costa Rica mientras ayudaba a sus padres a recolectar café y atendida en dos hospitales costarricenses donde le detectaron el embarazo así como enfermedades de transmisión sexual. Según los padres de la niña, Francisco Fletes y Rosa Reyes, el violador es un joven costarricense de 23 años, identificado como Alex Barquero, hijo de los patrones y dueños de la hacienda donde trabajaban, y acusan a las autoridades de Costa Rica de encubrirle y protegerle al no haberlo detenido ni procesado.
Atormentada esta familia, volvió a Managua con la niña lastimada, enferma y embarazada, dispuestos a interrumpir el embarazo de Rosa, decisión que conmovió a los sectores más retrógradas de la Iglesia Católica con la jerarquía a la cabeza quienes, leyes en mano y razonamiento en tierra, primero, responsabilizaron al padre y a la madre de la niña de tal situación y luego, en un amplio conjuro canónico, los excomulgaron a ellos y a todas las personas que participaron en el aborto que finalmente le fue practicado a Rosa.
Como el Código Penal nicaragüense autoriza el aborto terapéutico en aquellos casos en que la vida de la madre se encuentre en riesgo o haya posibilidades de deformación en el feto, previo dictamen médico y autorización de los familiares, el Fiscal General de ese país, ha declarado que están investigando si la interrupción del embarazo de Rosa, ha sido o no terapéutico, para lo que requirió informes al Ministerio de Salud y la Procuraduría de Derechos Humanos, además de citar a los padres de la menor y a líderes de la organización no gubernamental Red de Mujeres contra la Violencia. Mientras que, la comisión oficial de tres médicos dijo en su dictamen que la vida de la menor corría un alto riesgo de daños severos tanto si continuaba su embarazo, calculado en 16 semanas, como si se interrumpía.
Las mujeres del mundo han reaccionado ante la historia conmovedora de Rosa y la respuesta de la Iglesia Católica nicaragüense, y las organizaciones de la Red Feminista contra la Violencia de Género en España, iniciaron la campaña ¡Yo también quiero ser excomulgad@! para enviar a la Iglesia nicaragüense y al Vaticano un listado de las personas que han participado y colaborado activamente en hacer posible la interrupción del embarazo de Rosa a fin de que se incluyan también en el expediente de excomunión. (Para sumarse a la iniciativa, solo hay que acceder a la dirección en la web www.redfeminista.org/excomunion.asp).
La mayor crítica en este caso, ni siquiera tiene que ver con la opinión médica que reconoce un gran peligro para la vida de una inocente niña sin madurez orgánica para recibir tanto daño, ni tampoco es cuestión de tomar en cuenta al cardenal nicaragüense, Miguel Obando y Bravo, quien en su homilía dominical, acusó de "ponerse al servicio de la muerte" a los médicos y el personal sanitario de una clínica privada de Managua donde se practicó el aborto el pasado día 20 de febrero, señalando que las personas que realizan un aborto provocado y sus cómplices son penalizados con la excomunión según el Código de Derecho Canónico.
En realidad se trata de reaccionar ante la doble moral de una legislación impuesta de manera selectiva y me anoto a la campaña de firmas al Vaticano, de lo contrario, temo mucho que mi nombre seguirá en grandes ternas moralizantes, junto a los de los feminicidas, victimarios, sacerdotes violadores, políticos manipuladores y corruptos ladrones del espíritu del pueblo, que comulgan en Te Deums, Misas de Gallo y hasta a diario, frente a la autoridad eclesiástica complacida. Estoy del lado de Rosa porque creo en la Vida.
(susipola@hotmail.com)
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