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Obreras estadounidenses (Foto: www.history.ohio-state.edu). |
Existen diversas versiones sobre el 8 de marzo. La más conocida es la de un incendio ocurrido en una fábrica textil de Nueva York en 1857, donde, se dice, murieron quemadas las obreras que hacían una huelga. Según algunas historiadoras feministas, no existen pruebas documentales de que ese incendio ocurriera ese año.
Este hecho está más bien relacionado con la gran huelga de obreras de la Compañía de Blusas Triangle de Nueva York en 1909. Al frente de las movilizaciones por el Día Internacional de las mujeres trabajadoras, bautizado así por la dirigenta socialista alemana Clara Zetkin en 1910, estuvieron fundamentalmente trabajadoras de la industria textil. Fue el 19 de marzo de 1911 cuando se efectuaron por primera vez diversas actividades alrededor de este Día en algunas ciudades europeas.
A comienzos del siglo veinte son numerosas las movilizaciones y huelgas de obreras en Estados Unidos. El paro de 1909 fue conocido como “la sublevación de las 20.000” (por el número aproximado de trabajadoras de diversas fábricas que prestaron su apoyo), y tuvo una enorme repercusión, tanto dentro de la opinión pública como en los círculos sufragistas y socialistas envueltos en fuertes pugnas ideológicas, pues a raíz del acuerdo tomado por el Comité de las mujeres socialistas de trabajar con las sufragistas, se produjo una división interna dentro del feminismo socialista.
El 18 de septiembre de ese año, en el local del Sindicato Internacional de Trabajadores del Vestido, se inicia esta acción de fuerza en apoyo de las trabajadoras despedidas de Triangle y que es conocida como la “Huelga de las Mujeres” porque a ella se sumó el movimiento de mujeres estadounidense, desde la Liga de Mujeres Sindicalistas, hasta las sufragistas, socialistas y mujeres de la burguesía. Una concertación interclasista que en ese momento deja de lado las diferencias para unirse en una causa común: el género.
El apoyo del movimiento organizado de mujeres será clave. El 3 de diciembre, la Liga Nacional de Mujeres Sindicalistas, liderada por Mary Drier, convoca a una marcha de protesta contra la represión policial que reúne a 10 mil mujeres. La Liga Nacional fue fundada en 1903, a iniciativa de mujeres de clase media pertenecientes a organizaciones feministas que para lograr visibilidad política, tomaron el acuerdo de apoyar y participar en las huelgas.
La activa participación de Drier en esta huelga la lleva a la cárcel. A raíz de su encarcelamiento, la prensa da a conocer las terribles condiciones de trabajo en las fábricas. El 5 de diciembre, las sufragistas realizan una concentración masiva en apoyo a la huelga, y el 15 del mismo mes les toca el turno a las damas de la alta sociedad neoyorquina que reaccionan indignadas.
Posteriormente, el 27 de diciembre se realiza un arbitraje entre la empresa y el sindicato que no es aceptado por la mayoría de huelguistas. Finalmente, el 15 de febrero de 1910 se levanta la huelga y la mayoría de trabajadoras y trabajadores regresa a la fábrica sin haber conseguido la totalidad de sus demandas.
Sin salidas de emergencia
El retorno de las obreras de Triangle a su trabajo en febrero de 1910 no fue visto por ellas como una victoria, especialmente porque la demanda que obligaba a la empresa a instalar salidas de emergencia, y la prohibición de mantener las puertas cerradas durante la jornada laboral, además de poner en funcionamiento escaleras de seguridad, nunca se discutió durante las negociaciones. Esto fue fatídico al producirse un año después el incendio que destruyó gran parte de las instalaciones de Triangle con el consiguiente saldo de 146 trabajadoras muertas y muchas otras heridas.
La historiadora Ana Lau Jaiven hace un relato dramático de este terrible hecho:
“El sábado 25 de marzo de 1911, poco antes de la hora de salida, la alarma de incendios del edificio Asch, ubicado en la calle Greene y la Plaza Washington, que albergaba en los pisos 7 y 9 los talleres de ropa, comenzó a sonar. Como la mayoría de estos establecimientos, la Triangle estaba situada en un edificio con insuficientes salidas de emergencia. El fuego, que había comenzado en el octavo piso, pronto se propagó debido a la combustión originada por la abundancia de rollos de tela. Un terrible griterío invadió el ambiente”.
“No había extinguidores, una de las salidas fue bloqueada por el fuego, en tanto que la única salida de emergencia comunicaba hacia una barda con barrotes de hierro que impedía franquearla. Desesperadas, algunas jóvenes saltaron por las ventanas. Los bomberos, trataron sin éxito, de controlar el fuego. De las 500 personas empleadas en la Triangle, 146 perdieron la vida y muchas más quedaron heridas”.
“Los dueños de la fábrica fueron juzgados por negligencia, pero no fueron convictos, salieron libres. La prensa acusó del incendio a un trabajador que fumaba en esos momentos. La Liga Nacional de Mujeres Sindicalistas, comenzó una campaña para que se legislara contra incendios y a favor de la protección de las trabajadores y trabajadores, así como una mayor vigilancia de las leyes existentes”.
Al año siguiente se registró el Laurence, Massachusetts, una huelga de las obreras apoyada por la Industrial Workers the World. En esa oportunidad, el lema que emplearon fue: “Queremos Pan y Rosas”.
Marzos movilizadores
Gracias a un deslinde de hechos y fechas ha sido posible verificar que lo que se realizó en 1857 fue una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de la Compañía Textil de Lower East Side de Nueva York, reclamando por una jornada de trabajo de 10 horas. En esa época se trabajaba en fábricas y talleres entre 15 y 18 horas diarias. La policía dispersó la manifestación con disparos que dejaron heridas y/o muertas a muchas de las manifestantes.
En marzo de 1867 se realiza la huelga de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy en Nueva York. Una de las madres del sufragismo estadounidense, Susan B. Anthony (1820-1906), rebatiendo la posición de un sector de socialismo sobre la inutilidad del voto para las trabajadoras, dejó un testimonio sobre esta huelga:
“No sé de ninguna huelga de mujeres que haya tenido éxito. La mejor organizada que he conocido es la de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy, Nueva York, el gran emporio de la fabricación de camisas, cuellos y puños. Varios centenares de estas mujeres formaron un sindicato y pidieron la subida de salarios, que les fue denegada. Así, una mañana de 1867 todas ellas tiraron las tijeras y la aguja, la palangana del almidón y la plancha, y durante tres largos meses ninguna acudió a las fábricas. Al final de ese tiempo, se morían literalmente de hambre y la mayoría se vio obligada a volver al trabajo, pero no con sus salarios antiguos, pues sus jefes se los redujeron aún más”.
De este hecho, Anthony saca la siguiente conclusión: “si estas planchadoras hubieran sido votantes, hubiesen mantenido el equilibrio del poder político en la pequeña ciudad de Troy...”.
Fuentes:
Baerga, María del Carmen y Marcia Rivera. 1988. 8 de Marzo. Luchas cotidianas a favor del bienestar y la igualdad. Centro de Investigaciones Académicas de la Universidad del Sagrado Corazón. Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña, Puerto Rico.
Bourgeteau, Renée. 1984. El Día Internacional de la Mujer. Los verdaderos hechos, las verdaderas fechas. Les Editions de Rémue Ménage, Montréal.
Capomazza, Tilde, Marisa Ombra. 1985. 8 de marzo. Historia, mito y rito del Día Internacional de la Mujer. Cooperativa Utopía, Italia.
Coté, René. 1984. El Día Internacional de la Mujer. Los verdaderos hechos, las verdaderas fechas. Les Editions de Rémue Ménage, Montréal.
Jaiven Lau, Ana. 1986. “1909: La huelga de las mujeres”. FEM, N° 45, México.
Martín Gamero, Amalia. 1975. Antología del feminismo. Alianza Editorial, Madrid.
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