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Altar santero con figuras de Oggún y Yemayá (Foto: (r) Alvaro Hoppe). |
Oshún o Yemayá comparten el mismo sitial y devoción en el panteón de divinidades yoruba que el temible Changó o Eleggúa. Y es que en la santería, para Cuba, o el candomblé, en Brasil, los orishas y sus seguidores/as no conocen de jerarquías de género y discriminación sexual.
Cada 31 de enero, miles de ofrendas florales inundan la playa de Copacabana, en Río de Janeiro. A las 12 de la noche, cientos de personas ingresan al mar y se cambian de ropa como un símbolo de la renovación y buena fortuna para el nuevo año que comienza. Es un rito en honor a Yemanyá, la señora del mar y la nueva vida, la madre de los orishas: un gesto que refleja la importancia de lo femenino en una creencia que profesan millones de hombres y mujeres en Cuba y Brasil, mayoritariamente.
Con más de 5 mil años de antigüedad, la regla yoruba, como se conoce el nombre de este culto, nació en la región africana, donde hoy se encuentra Nigeria. Llegó a América junto a los esclavos y esclavas negras que fueron traídos a los países sudamericanos.
A raíz de la cruenta persecución que sufrieron de parte de las autoridades eclesiásticas por practicar su religión, estos hombres y mujeres comenzaron a fusionar a sus dioses y diosas con los santos y santas católicas, en lo que se denomina sincretismo. Esto se mantiene hasta nuestros días en un popular culto conocido masivamente como santería en Cuba y Centroamérica, y candomblé en Brasil, Uruguay y los países aledaños.
En el panteón yoruba las energías femeninas y masculinas son igual de importantes y las jerarquías que se imponen no se rigen por el género de la divinidad. “De hecho, en un comienzo, el culto a los orishas estaba completamente restringido a las mujeres. Los hombres tenían prohibido participar en las ceremonias y mucho menos, realizar predicciones o sanaciones. Pero de a poco fueron abriéndose y aceptando a los hombres entre ellas”, cuenta a Mujeres Hoy Pai Emilson, sacerdote candomblé avecindado en Chile hace más de una década. Claro, eran los albores de la civilización humana y los tiempos de la supremacía del matriarcado.
El brasileño asegura que, en la actualidad, hombres y mujeres actúan en la misma proporción como sacerdotes en este culto, “aunque en las instancias de mayor poder suelen verse más hombres, realmente parece que no podemos mantenernos ajenos al ejercicio de la autoridad”, agrega este oriundo de la tierra del candomblé en Brasil, la ciudad de Salvador de Bahía.
Esta religión es conocida masivamente en el resto de América gracias al Oráculo de Ifá, uno de los ritos más importantes de la regla yoruba, que la mayoría de la gente conoce como la “lectura de los buzios”, método adivinatorio que utiliza caracolas marinas.
Con una rica imaginería y una mitología rebosante en leyendas –semejantes a los hedonistas dioses y diosas de la cultura grecorromana-, los y las orishas representan energías y espacios de la naturaleza y determinan ciertos aspectos de la vida humana. Aunque suelen representarse con formas antropomorfas, también se veneran en elementos, como el agua y la plata, o cuencas de colores que sus cultores/as, que además suelen vestirse de blancos, llevan como collares.
Por ejemplo, Oshún, la orisha que domina los ríos y los bosques, es la diosa de la sensualidad y la fecundidad. A ella recurren las mujeres que desean tener hijos/as o llamar el amor. Su color es el dorado y su elemento, el agua.
Pai Emilson explica que todas las personas tienen un orisha que determina sus destinos –que simbólicamente su ubica sobre la cabeza– y quienes se inician en el culto deben regirse por ellos y guardarles devoción. Pero junto al orisha principal, siempre hay otros dos que entregan sus fuerzas e influyen en el destino y personalidad de los seres humanos.
“En los hombres, la mayoría de los orishas principales son masculinos, pero luego viene uno femenino y cierra uno masculino. En las mujeres es al revés: las corona un orisha femenino, pero también tienen un masculino y otro femenino. Hay casos en que los hombres tienen solamente masculinos o de mujeres que son regidas sólo por femeninos, pero eso es malo, ya que se producen desequilibrios. Las energías tienen que estar en armonía”, asegura.
Y como una forma de acercarnos más a estas poderosas energías africanas, les presentamos un listado de los orishas femeninos y su equivalente en la religión católica (que sus seguidores realizan, sobre todo en Cuba).
Yemayá (Virgen de Regla) Quizás la orisha más importante. Yemayá vive y reina en los mares y los lagos. Ella también domina la maternidad en nuestras vidas y es la Madre de Todos. Su nombre, una versión corta de Yeye Omo Eja significa “La madre cuyos hijos son los peces”, nombre que refleja el hecho de que sus hijos son innumerables. Se viste con siete faldas azules y blancas. Su color es el celeste.
Oshún (Santísima virgen de la Caridad del Cobre, patrona y reina de Cuba) Ella reina en las aguas dulces del mundo: los arroyos, manantiales y ríos, personificando el amor y la fertilidad. También se acude a ella en busca de ayuda en asuntos monetarios. Es la más joven de los orishas femeninos, pero retiene el título de Iyalode o gran reina. Es la femme fatale de los orishas. Su color es el oro o el dorado.
Oyá (Virgen de la Candelaria) También conocida como Yansa, que significa “Madre del nueve”, es la soberana de los vientos, el remolino. Conocida por los colores marrones y rojos y los diseños floridos. Ama la danza y tiene el poder para enfrentarse con los espíritus de la muerte. Ella es una guerrera feroz que cabalga a la guerra con Changó, con quien comparte el poder sobre los relámpagos y el fuego.
Yewá (Nuestra Señora de los Desamparados) Vive dentro del cementerio, entre las tumbas y los muertos. Considerada virgen. Yewá es sumamente casta. Cercana a Oyá. Sus seguidores en el pasado debían guardar celibato. Su color es el rosado.
Obatalá (Virgen de las Mercedes) También conocido como Iya, es la divinidad suprema del panteón yoruba y es andrógino, tiene todo lo masculino y femenino a la vez. Se le representa como una mujer anciana vestida de blanco. Dios/a de la pureza y la justicia, también representa la verdad, lo inmaculado, la paz y la sabiduría. Es un orisha extremadamente riguroso, sus devotos no pueden blasfemar, ni beber alcohol, ni siquiera desnudarse ante otros. Creador/a de la Tierra, escultor/a del ser humano, dueño/a de las cabezas, de los pensamientos y los sueños, Obatalá es respetado por todos los orishas.
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