| Desempleo afecta a 6.5 millones de latinoamericanas
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| Obreras de una fábrica de cables, en Brasil (Foto: J. Maillard, OIT). |
El desempleo urbano afecta a 6.5 millones de mujeres en América Latina con el agravante de que aproximadamente un tercio de los hogares son dirigidos por ellas. Además, sufren mayor cesantía y precariedad laboral que los hombres, ganan menores sueldos y tienen un mínimo acceso a la seguridad social.
(Mhoy) De acuerdo a recientes investigaciones de la OIT en América Latina, las tasas de desempleo de mujeres superan a las de hombres, con excepción de Argentina, donde el aumento del desempleo masculino superó al femenino.
Uno de los más altos índices de desempleo femenino se encuentra en Colombia, con el 22 por ciento, seguido por Uruguay con un 20,3 por ciento y Panamá con el 19,3 por ciento, según datos del año pasado.
Por el contrario, México ofrece las menores tasas de desempleo en ambos sexos, que no superan el 2,7 por ciento.
A nivel regional, la cifra promedio ponderado de desempleo femenino en las ciudades se encuentra en el nivel del 9,4 por ciento.
Asimismo, el porcentaje de mujeres ocupadas en la economía informal urbana creció del 47,5 al 50 por ciento en la última década, mientras que los hombres subieron del 39,5 al 44 por ciento.
Sin embargo, “la calidad de los empleos femeninos en el sector informal es inferior a la calidad de los empleos masculinos porque las mujeres trabajan en mayor proporción en actividades más desprotegidas como el trabajo familiar no remunerado, el trabajo a domicilio y el servicio doméstico”, indica el documento de la OIT.
Cerca del 38 por ciento de las asalariadas no cotizan a la seguridad social, mientras que el porcentaje en el sector informal se dispara al 72 por ciento de trabajadoras.
El director de la OIT, Juan Somavía, expresó en el informe su preocupación por esta situación porque “las mujeres tienen más necesidad que los hombres de la protección social” ya que “además de las contingencias comunes a ambos sexos tales como vejez, invalidez, salud, desempleo y accidentes laborales, ellas necesitan una protección específica a su función reproductora”.
Sobre la idea de que las mujeres generan un mayor costo laboral para los empleadores, la organización aclaró que las licencias por maternidad, reemplazos y tiempo dedicado a la lactancia representan menos del 2 por ciento de la remuneración bruta mensual de las empleadas, según datos recogidos en Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay.
La renuencia a contratar mujeres por los gastos de maternidad tiene un débil argumento porque las licencias son financiadas por fondos públicos o la seguridad social, aclaró la OIT.
En opinión de Somavía, “es fundamental considerar la necesidad de incorporar la dimensión de género en las políticas de lucha contra la pobreza y de generación de empleo e ingresos” porque, según aclaró, de no hacerlo las brechas de equidad de género aumentarán.
En ese sentido, la OIT propone fortalecer las legislaciones en materia de protección de la maternidad, ante un eventual despido injustificado, ampliar los servicios de apoyo al cuidado infantil, promover el acceso de la mujer a la capacitación, al crédito, capital y propiedad de la tierra, entre otras medidas de fomenten la igualdad.
Los hombres todavía predominan en el mercado laboral
Por su parte, un informe del Banco Mundial asegura que aunque la participación de la mujer en la economía formal ha aumentado de manera continua a lo largo de las dos últimas décadas en América Latina y el Caribe, todavía existen obstáculos a su integración completa en la actividad económica, sobre todo en las áreas rurales.
El documento, titulado Desafíos y oportunidades para la equidad de género en América Latina y el Caribe, señala que la participación de la mujer en el mercado de trabajo sigue siendo muy inferior a la del hombre. Ello, a pesar de que en la última década, la región ha experimentado un incremento continuo de la participación de la mujer en la fuerza laboral, reduciendo de este modo la brecha que la separa de los niveles de participación masculina.
El avance más significativo se ha observado en Venezuela (7 puntos porcentuales) y el más pequeño en Costa Rica, donde la tasa casi no se vio modificada. Sin embargo, incluso en aquellos países en los que la mujer tiene un mayor nivel de educación, la participación del hombre en la fuerza laboral es superior a la de la mujer.
Brechas salariales
El informe del Banco Mundial indica que aunque en los últimos años las brechas salariales entre hombres y mujeres han disminuido considerablemente en muchos países (por ejemplo Honduras, Venezuela, Brasil, Colombia, Argentina y México), la mujer continúa ganando menos que el hombre en todos los países de América Latina y el Caribe, exceptuando a Costa Rica.
Entre los factores que contribuyen a esta brecha salarial se encuentran: la participación masiva de la mujer en el sector servicios, que suele ser el peor pagado; las normas culturales (llamadas estrategias familiares por el Banco Mundial) que designan a la mujer como principal responsable del cuidado de la familia, y, por tanto, las mayores entradas y salidas de la fuerza laboral, y preferencia por trabajos de tiempo parcial por parte de la mujer.
Sector rural
La participación de la mujer rural en la fuerza laboral se sitúa muy por debajo de la del hombre rural y de la de la mujer urbana, debido, entre otros factores, a su actividad en el ámbito doméstico. A diferencia de las zonas urbanas, la mujer rural suele ser la única responsable del trabajo doméstico. Esto, añadido al gran número de dependientes en áreas rurales debido a las altas tasas de fertilidad, limita la participación de la mujer en actividades productivas.
No obstante, el sector no agrícola, ya sea el comercio o el sector agroexportador, se está convirtiendo en el principal empleador de mujeres rurales, debido a que, entre otras cosas, permite compaginar las tareas productivas y reproductivas de las mujeres.
El acceso de la mujer rural a la tierra se ha incrementado significativamente durante las últimas dos décadas. La tierra y otros recursos naturales son activos cruciales para el desarrollo de la mujer rural, ya que representan un importante medio de vida en sí mismos, y facilitan el acceso al crédito, a la asistencia técnica o a participar en ciertas organizaciones rurales.
En Latinoamérica y el Caribe, a pesar de que las reformas agrarias de los años sesenta y setenta no beneficiaron demasiado a la mujer, la nueva legislación en las últimas dos décadas ha logrado mejorar significativamente el acceso de la mujer a la tierra.
En Colombia, Costa Rica, Honduras y Nicaragua existen disposiciones legales para la titulación conjunta (hombre y mujer) de tierras. Y en Chile y El Salvador, la proporción de mujeres que obtuvieron sus títulos después de la contrarreforma ha sido significativa. La mayor brecha de género en el acceso a la tierra se encuentra en México, donde las mujeres representan el 21 por ciento de los propietarios de tierras ejidales, comparado con el 79 por ciento de los hombres.
Fuentes:
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