 |
De las mujeres de América Latina, las chilenas son las que más fuman (Foto: OPS). |
El consumo de tabaco en las mujeres no disminuye tan rápidamente como en los hombres e incluso aumenta en las jóvenes. Es evidente que los esfuerzos más comunes para dejar de fumar no han sido efectivos en ellas. Para que lo sean, es necesario saber por qué fuman y qué necesitan para ser capaces de renunciar a esta droga adictiva.
En América Latina, EEUU y Canadá la prevalencia de tabaquismo en la población, entre 1996 y 1999, osciló entre un 40 por ciento en Argentina y Chile, y un 22 por ciento en Colombia. Según la Organización Panamericana de la Salud, OPS, el cigarrillo ha contribuido a un cambio regional en las principales causas de muerte.
En efecto, en América Latina, actualmente mueren más personas por afecciones no transmisibles, muchas de las cuales son causadas por el tabaco, que por enfermedades transmisibles, infecciones maternas y perinatales y carencias nutricionales. Se espera que la tendencia continúe hacia el aumento de las no transmisibles.
Entre los hombres, el porcentaje de fumadores oscila entre 47 por ciento en Argentina y Chile y 26 por ciento en Colombia. Entre las mujeres, el porcentaje más alto se da en Chile, 36 por ciento, y el más bajo, 16 por ciento, en Perú. No se cuenta con datos actuales sobre las tasas de tabaquismo en la mayoría de los países del Caribe, pero los disponibles indican que la prevalencia fluctúa entre menos de 2 y 14 por ciento.
A nivel mundial, se estima que en los países en desarrollo fuma un 48 por ciento de los varones y 7 por ciento de las mujeres; en los países industrializados, en tanto, lo hace el 42 por ciento de los hombres y 24 por ciento de las mujeres, lo que representa un marcado aumento del hábito en la población femenina.
Estudios efectuados en Canadá, Estados Unidos y en la Unión Europea señalan que la prevalencia del tabaquismo ha tenido tendencias diferentes según el sexo. Mientras que entre los varones el consumo ha disminuido notablemente, entre las mujeres se ha incrementado o estancado.
En los países de la Unión Europea, por ejemplo, la prevalencia del tabaquismo es hoy mayor entre las mujeres que en los varones. Este aumento es más importante entre las mujeres jóvenes de los países del sur de Europa.
Por qué fuman las mujeres
En la actualidad, la cantidad de mujeres que fuman cigarrillos es muchísimo mayor que hace 50 años. Aunque en los últimos años el consumo de tabaco ha ido reduciéndose lentamente entre las mujeres adultas, las que fuman tienden a hacerlo con exageración. Además, el número de niñas y adolescentes fumadoras ha aumentado significativamente y, al igual que con las drogas y el alcohol, la edad en que éstas comienzan el hábito disminuye cada día.
El consumo de tabaco en las mujeres no disminuye tan rápidamente como en los hombres e incluso aumenta en las jóvenes. Es evidente que los esfuerzos más comunes para dejar de fumar no han sido, por lo menos hasta ahora, efectivos en ellas. Para que lo sean, es necesario considerar sus problemas particulares. Se requiere, por ejemplo, averiguar por qué fuman y lo que necesitan para ser capaces de renunciar a esta droga adictiva.
Estudios cada vez más numerosos describen las razones de las mujeres para fumar, así como sus necesidades para dejar ese hábito. En uno realizado por Santé Canada, las mujeres y las jóvenes mencionaron las siguientes razones para comenzar a fumar:
• la necesidad de sentirse aceptadas;
• el deseo de parecer relajadas o adultas;
• controlar las emociones negativas;
• la moda, el estilo y la comercialización;
• el control del estrés;
• el control del peso o el temor de subir de peso.
El mismo estudio indica los siguientes factores por los cuales las mujeres siguen fumando:
• La dependencia de la nicotina. Quizás el elemento más simple del complejo tejido de las razones para seguir fumando.
• La influencia de la madre, hermanos y hermanas.
• La esbeltez. Las mujeres son bombardeadas por mensajes publicitarios que imponen patrones de esbeltez y belleza imposibles de alcanzar, lo que las lleva a desarrollar una baja autoestima al no cumplirlos. El control del peso es, a menudo, otra razón mencionada por las mujeres para seguir fumando.
• Precario estatus socioeconómico y ausencia de control. Las mujeres son más susceptibles de tener menos instrucción, de ocupar empleos subalternos mal remunerados y de ser jefas de familia monoparentales. Tales factores son responsables de estrés, de conflictos de prioridades y de una pérdida de control sobre sus vidas. Por otra parte, diversos estudios concluyen que el tabaquismo en las mujeres tiene como base problemas mucho más cruciales, como las inequidades de género, verdaderas causas de la precaria estima de sí misma y de la ausencia de control sobre sus vidas.
• La carga del cuidado familiar. Tradicionalmente, son las mujeres las que se preocupan de la alimentación y del cuidado de los familiares, reforzando su preocupación por el bienestar de los otros en detrimento del suyo.
• El control de la rabia. En la sociedad es poco aceptable que las mujeres tengan y expresen sentimientos negativos, tales como rabia y frustración. Las mujeres piensan, por ende, que no tienen derecho a tener esos sentimientos, lo que contribuye a una pobre imagen de ellas mismas y disminuye el control sobre sus vidas.
• Adaptación a múltiples roles. Si bien la emancipación de las mujeres en el ámbito público y privado les ha permitido tener más posibilidades de incorporarse al mercado de trabajo, esto ha implicado aumentar su nivel de estrés, debido a tres razones. Primero, su carga de trabajo ha aumentado, ya que las responsabilidades domésticas han cambiado poco. Segundo, ejercen múltiples roles en la sociedad y necesitan manejar diferentes prioridades. Tercero, las normas de las mujeres para definir el éxito han cambiado, como resultado de su emancipación.
En síntesis, para Santé Canada, el hecho de fumar es utilizado a menudo por las mujeres como un valioso medio para adaptarse y parece ayudar a soportar las desigualdades de género. Las compañías tabacaleras se aprovechan de esta situación sugiriendo en su publicidad que fumar da a las mujeres lo que ellas sueñan: belleza, esbeltez, independencia, éxito, control, es, decir, la perfección.
Dejar de fumar
Aquellas personas que dejan de fumar notan un aumento significativo en la energía, la resistencia, la autoestima y la confianza en sí mismas. Dejar de fumar durante el embarazo tiene beneficios inmediatos, tanto para la madre como para el feto. Los beneficios a largo plazo continúan: después de tres años de dejar el cigarrillo, el riesgo de morir de un ataque cardíaco vuelve a ser igual que para el resto de la población no fumadora. Asimismo, el riesgo de desarrollar cáncer pulmonar, renal y de la laringe disminuye gradualmente, volviendo a ser igual al de aquellas personas que no fuman después de 16 años.
La recuperación de la dependencia de la nicotina es más complicada de la que ocurre después de una dolencia física. Las mujeres que fuman asocian muchas de sus actividades diarias y costumbres con el acto de fumar. Una persona que fuma una cajetilla de cigarrillos al día, suministra nicotina a su sistema 20 veces al día y más de 7.300 veces al año. Al dejar de fumar, siente que está perdiendo un amigo, una relación, un compañero. Desarrollar una nueva autoimagen como no fumadora toma tiempo.
Algunas mujeres suben de peso mientras su metabolismo se acostumbra a la ausencia de nicotina y vuelve a la normalidad, pero las investigaciones muestran que el aumento promedio es sólo de alrededor de 2 kilos (cinco libras).
Además, se ha demostrado que el ejercicio disminuye la cantidad de peso que se aumenta y hace que la probabilidad de volver al vicio de fumar sea menor. Éste también puede ser un buen momento para reevaluar los patrones alimenticios. Sea como fuere, las mujeres que dejan de fumar señalan que nunca antes se habían sentido mejor.
Las investigaciones indican que la habilidad para dejar de fumar y tener éxito depende, en gran medida, de la fuerza de convicción y la confianza que se tenga en sí misma, así como de la posibilidad de lograr el apoyo de personas cercanas.
Algunos autores señalan que una intervención de tabaquismo dirigida a mujeres debería ofrecer apoyo terapéutico farmacológico y conductual, combinado con efectos específicos de género, tales como la gestión del propio estilo de vida, programas nutricionales para el control de peso y estrategias de manejo del estrés.
Fuente: Agenda Salud 18/Isis Internacional.
|