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Aung San Suu Kyi nuevamente en peligro. |
La noticia de la detención de la líder opositora birmana y Premio Nobel de la Paz 1991, Aung San Suu Kyi, ocurrida recientemente, significa un duro golpe a las esperanzas de una apertura política en un país gobernado desde 1962 por una junta militar. La comunidad internacional teme por la vida de Suu Kyi.
En 2002, Aung San Suu Kyi fue liberada tras un año y medio de arresto domiciliario. No era la primera vez que esta mujer de 56 años de apariencia frágil y aspecto juvenil experimentaba este tipo de sanción. La primera vez que fue recluida en su casa, acusada de conspirar contra el régimen, fue en 1989. Durante seis años permaneció aislada, sin teléfono y con pocos contactos con el exterior.
Al salir libre de su segunda reclusión, la líder de la Liga Nacional para la Democracia (LND) declaró que el gobierno le había prometido libertad de movimientos, la liberación de cientos de presos políticos y conversaciones para llegar a un acuerdo político. Hoy estas promesas se esfumaron. Aung San Suu Kyi y un grupo de militantes de la Liga fueron apresados luego de violentos enfrentamientos durante una gira de trabajo por el país.
Fue un viaje trágico. Se estima que cerca de 100 personas fueron asesinadas, 50 heridas y un número indeterminado de militantes de la LND encarcelado. En este escenario, Suu Kyi fue detenida y se presume que ha sido llevada a una prisión militar “para su protección”. Hay versiones que aseguran que está herida.
Por la no violencia
Aung San Suu Kyi es, hoy por hoy, la mayor figura política de oposición en Birmania. Aún más, es un símbolo para quienes en el mundo entero siguen la doctrina de la no violencia. Cuando en 1991 Suu Kyi recibió el Premio Nobel de la Paz, la Academia Sueca reconoció en ella a una empecinada activista que “ha hecho una enorme contribución no violenta a la democracia”. Su vida es la mejor prueba de ello.
Descrita como una mujer fuerte y muy consecuente con sus ideas, Aung San Suu Kyi es heredera de una tradición familiar hecha de valor y compromiso. Nacida en Rangún en 1945, es hija del fundador del ejército, el general Aung San, considerado un héroe nacional por haber ayudado a terminar con el dominio inglés en Birmania. En 1947, a la edad de 32 años, fue acusado de traición por un rival político, siendo ejecutado posteriormente.
Hoy, la hija de Aung San conduce la segunda liberación de Birmania del poder de una junta militar enquistada desde 1962 y que mantiene al país bajo el terror y la censura. La primera juventud de San Sui Kyi transcurrió fuera de su país. En 1960 fue a la India acompañando a su madre que había sido designada embajadora en ese país. Sus estudios los hizo en el exterior y más tarde se graduó en Oxford, especializándose en literatura birmana, luego trabajó en Naciones Unidas por un tiempo.
Durante un viaje al Himalaya Oriental, conoció a Michel Aris, inglés que era tutor de la familia real e intérprete del gobierno. Se casaron en 1972. En esa oportunidad ella le hizo prometer a su esposo que la ayudaría a cumplir con su deber “si el pueblo me necesita”. Los acontecimientos que siguieron a su vuelta a Birmania requirieron que Michel Aris cumpliera con este compromiso.
Usando otros métodos
En el verano de 1988, Aung San Suu Kyi regresó a su país para visitar a su madre gravemente enferma. Durante su estancia presenció una serie de protestas estudiantiles contra el gobierno, las que pronto se convirtieron en un levantamiento general luego que la policía asesinara a un estudiante.
Suu Kyi no vaciló en unirse a la resistencia civil. En esa oportunidad declaró que lucharía por la democracia con métodos pacíficos, siendo nombrada líder de la Liga Nacional por la Democracia, el partido que en 1990 conquistó el 80 por ciento de los votos en las primeras elecciones libres desde 1962. Pero el gobierno militar se negó a reconocer los resultados y no entregó el poder.
Durante el tiempo que duraron las protestas, se incorporó una gran cantidad de mujeres, monjas budistas, estudiantes y amas de casa, que golpeando ollas y sartenes fueron la avanzada de la rebelión. En aquella oportunidad, la periodista birmana Maureen Aung-Thwin escribió que debido a la supremacía masculina en los partidos políticos, grupos de mujeres empezaron a conformar partidos femeninos, como la Fuerza Política Femenina Nacional y la Organización Nacional de las Mujeres Liberadas de Birmania.
Este último grupo conformó una agenda feminista “para terminar con la estrecha concepción de que las mujeres debían ocupar su tiempo en la cocina y ser responsables sólo de los deberes domésticos”. La posición de las mujeres dentro de la sociedad birmana, si bien ésta contempla una serie de derechos como el acceso a la educación y empleo, el peso de las tradiciones refrendadas por el budismo que es la religión oficial, las reduce a la condición de seres de segunda clase.
El partido de Aung San Suu Kyi atrajo a muchas mujeres jóvenes por tratarse un espacio que proclamaba la democracia y la participación plena de hombres y mujeres. Pero en la práctica, los hombres se las arreglaron para relegar a las mujeres a ocupaciones secundarias.
Un comienzo dramático
Cuando la Junta Militar accedió a realizar elecciones libres en 30 años, Aung San Suu Kyi decidió presentarse. Su solo nombre atrajo a grandes multitudes. Su discurso de no a la violencia cautivó a mucha gente. Siempre ha sostenido que “el pueblo de Birmania quiere libertad, pero en primer lugar quiere liberarse del temor”. Meses antes de las elecciones, el gobierno la recluyó bajo arresto domiciliario en su casa y le prohibió circular. Pese a ello, la LND obtuvo una aplastante victoria que encolerizó a los militares.
Su respuesta fue la cárcel y el exilio a Tailandia de cientos de correligionarios/as de Suu Kyi. En ese período, la mayoría de los locales partidarios de la Liga fueron clausurados. Uno de los costos más altos que tuvo que pagar la líder birmana, fue la separación indefinida de su marido y sus dos hijos, a quienes no vio en los siguientes seis años que duró su encierro.
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