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La violencia sexual
Aunque los jóvenes son las víctimas más frecuentes de las ejecuciones sumarias y las matanzas, la violencia contra las mujeres jóvenes, en especial la de carácter sexual por parte de grupos armados, resulta habitual en un conflicto que lentamente va cambiando de matices y que vulnera los derechos humanos, incluidos los derechos sexuales y reproductivos.
Las estadísticas demuestran que la población más vulnerable a las agresiones sexuales son las mujeres, niños y niñas. Según datos del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, en el año 2001, de 9.955 dictámenes, 1.210 casos se perpetraron contra hombres y 8.745 casos contra mujeres.
Además de la violencia sexual, las mujeres colombianas son víctimas de una violencia social que cobró la vida de 4.087 personas en el año 2002 en Medellín (13 personas son asesinadas diariamente en esta ciudad). De ellas, más de 200 fueron mujeres que, antes de ser asesinadas, fueron sometidas a violencia sexual, torturas, ultrajes y vejámenes de todo tipo. No fue posible determinar dónde y cómo fueron asesinadas las mujeres, pero se estableció que eran civiles y no combatientes.
Violencia sexual y violencia social
En Colombia, la violación sexual como arma de guerra se ha exacerbado. Esta práctica es utilizada por los guerreros para humillar y vengarse del enemigo. Así, las mujeres se han convertido en botín de guerra que se pelea tanto como un territorio o un objeto. En Medellín, se producen más de 16 violaciones sexuales diarias, de las cuales sólo se denuncian cuatro, y de éstas sólo se judicializan dos, lo que configura una impunidad superior al 90 por ciento.
En diversos barrios de la ciudad, controlados por uno u otro actor armado, éstos imponen “toques de queda”, con la amenaza de que si un hombre ignora la medida de no estar en la calle después de la hora señalada, será asesinado, y si lo hace una mujer, será violada. Una de las consecuencias es que muchas mujeres jóvenes que asisten a establecimientos educativos nocturnos se han visto obligadas a abandonar sus estudios o a renunciar a empleos que les exigen movilizarse a esas horas.
La guerra en Colombia se ensaña contra las mujeres, quienes a diferencia de los guerreros, no han elegido la violencia como vía para resolver conflictos ni diferencias.
Su único “pecado” consiste en ser esposas, novias, hijas, hermanas o amigas de los integrantes de los grupos armados enfrentados, o simplemente, vivir en el lugar que ellos han tomado como campo de combate. Los actores armados utilizan la violencia contra las mujeres, no sólo para imponer el poder de las armas y el terror, sino también para perpetuar la dominación de los varones sobre las mujeres.
Como consecuencia de esta realidad, las mujeres y sus familias padecen en Colombia el desplazamiento forzoso, el desarraigo social que éste implica, las pérdidas en los procesos de construcción de identidad individual y colectiva, su conciencia de ciudadanía y de ser sujetos de derechos, entre muchas otras repercusiones.
La salud mental es una de las dimensiones más afectadas, pues estas situaciones multiplican los miedos, las angustias, y los duelos no elaborados por las pérdidas de sus seres queridos y de la autonomía. A ello se suman la incertidumbre y las preocupaciones ambientadas en un tejido familiar y comunitario fragmentado, inestable y agobiado por todo tipo de carencias.
Las alternativas
Son pocas las instituciones que, en la ciudad y en el país, ofrecen programas o servicios dirigidos a la atención de las problemáticas expuestas, principalmente en materia de salud sexual y reproductiva. La mayoría de los programas y de la atención que se brinda a la población desplazada ha estado centrada en una ayuda humanitaria inmediatista que desconoce las necesidades que en materia de desarrollo humano, derechos, y salud sexual y reproductiva tiene esta población.
CERFAMI llama a la implementación de políticas estatales e intervenciones tanto nacionales como internacionales, comprometidas con un desarrollo integral a mediano y largo plazo. De esa manera será posible generar procesos de formación en los que la comunidad se supere a sí misma, formule sus propias soluciones y participe en la resolución de sus propios problemas.
La apuesta de este organismo por el desarrollo de los grupos más vulnerables sigue en pie. Para realizarla, busca aliados, con la convicción de una América Latina que se reconstruye desde la convivencia pacífica en sus familias, la participación de las comunidades en su desarrollo, el reconocimiento de los derechos humanos, y el apoyo a la mujer y a las familias como estructura básica para la sociedad equitativa que se necesita.
CERFAMI, Centro de Recursos Integrales para la Familia, ubicado en Medellín (Colombia) es una entidad sin ánimo de lucro creada en 1989 y adscrita al sistema de salud. Desarrolla acciones integrales en áreas como: género; sexualidad; convivencia familiar y social; resolución de conflictos; salud y derechos sexuales y reproductivos; derechos humanos; y mejoramiento del clima organizacional.
Fuentes bibliográficas:
Asociación Probienestar de la Familia Colombiana, Profamilia. Salud sexual y Reproductiva. Resultados encuesta nacional de demografía y salud 2000. Bogotá, 2000.
Codhes. Consultoría para los Derechos Humanos y el desplazamiento. Boletín informativo. Diciembre de 2002.
Camacho Velásquez, Jorge. Comp. Un país que huye. CODHES y UNICEF Colombia. Bogotá, 1999.
Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses/Zona Noroccidental. Informe sobre violencia sexual. Medellín, 2002.
Fuente: CERFAMI.
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