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Detalle de “El Abrazo de Amor del Universo, la Tierra (México), Diego, Yo y el Sr. Xolotl” (1949) de Frida Kahlo. |
Tras décadas de luchas feministas y reivindicaciones políticas, de la batalla individual -o colectiva- dada a diario por las mujeres en el mundo laboral y social, hay patrones de conducta que muchas, a pesar de ellas mismas, siguen reiterando: el rol maternal en la pareja. Modelo que agrada a varios hombres, pero que fracasa cuando exigen más autonomía o ellas se aburren de dar sin recibir en la misma medida.
(Mujereshoy) Paula tiene 25 años y tras tres de noviazgo, rompió con su pareja luego que él le planteara que “quería una mujer, no una segunda madre” y le sacara en cara su sobreprotección y actitudes ultraposesivas. Paula, que siempre se había considerado a sí misma como una mujer progresista y liberal, no pudo más que reconocer que las imputaciones eran ciertas y que por más que luchara contra ello, su relación de pareja se había acercado peligrosamente a lo que ella siempre rechazó del matrimonio de sus padres.
Angela, dueña de casa de 52 años, siempre ha asumido que tiene tres hijos, sus dos mellizos y su marido. Ya es parte de su rutina comprarle la ropa cuando él le avisa que los pantalones están muy viejos o pedirle la cita y acompañarlo al médico, tal cual como lo hace con sus hijos adolescentes. En este caso, su relación funciona de acuerdo a estos parámetros e, inclusive, su esposo reconoce que le agrada este trato tácito de madre e hijo.
Pero, obviamente, no todas las parejas se mueven en esta dialéctica, aunque son bastantes -muchas- las mujeres que suelen cooptar el rol de madres en una relación afectiva, repitiendo un modelo que, pese a los avances psicosociales y políticos de las últimas décadas, no hace más que recordar los matrimonios de nuestras bisabuelas.
Según especialistas, este fenómeno se produce por la necesidad inconsciente de la mujer de ser indispensable para su pareja, y por el, también inconsciente, deseo de recibir lo mismo que está dando.
En estos tiempos donde las mujeres han ganado autonomía laboral e ingresos cada vez más proporcionales a los masculinos, el vínculo madre sustituta/ hijo pareja puede potenciarse cuando el ingreso de ella es mayor y puede imponer, entonces, una dominación económico-afectiva.
Aunque no es cosa de echarle toda la culpa a las mujeres “con afanes maternales”; un importante porcentaje de hombres proyecta y busca en sus relaciones una figura maternal que los proteja y mande. Estos comportamientos suelen ser producto de la inmadurez, la imposibilidad de cortar el vínculo con la propia madre o porque se careció de este modelo en su infancia.
De acuerdo a la sicóloga clínica Marcela Flores, docente de la Universidad Diego Portales de Chile, no es inusual este tipo de dinámicas en las parejas, y estima que básicamente tienen que ver con el concepto del cuidado.
La mayoría de las mujeres que asumen este rol, según la especialista, buscan atención y cuidado, ya sea porque no lo recibieron en su infancia o porque fueron sobre protegidas por sus progenitores. También se produce en mujeres que desde niñas debieron hacerse cargo del cuidado de otros menores, situación muy típica en Latinoamérica.
La sicóloga advierte que estas pautas pueden observarse “en mujeres muy autosuficientes y capaces”, pero que son excesivamente diligentes con su pareja “con el secreto afán de recibir lo mismo de vuelta”, concluye.
Lo normal -si es que algo puede llevar ese calificativo- es que en las parejas exista una oscilación en las necesidades de cuidado: en algunas circunstancias, es la mujer la que asume el rol maternal -o mejor dicho protector- y en otras, el hombre.
La ausencia de estas fluctuaciones puede llevar al quiebre de la pareja, como le sucedió a Paula, tras años de un sobrecuidado unilateral. Aunque las crisis pueden producirse por diversos motivos: ya sea porque la mujer empieza a exigir el mismo cuidado y no lo recibe, ya que sea porque el hombre se agota de la dinámica o porque no se le permite también demostrar protección.
Una de las más complejas consecuencias de mantener este tipo de vínculo se da en el plano sexual: cuando el rol maternal se traspasa al sexo, el erotismo es desplazado por la ternura y, obviamente, uno de los miembros de la pareja, o ambos, se sentirá insatisfecho. Una fuerte razón para hacer un mea culpa y modificar ancestrales pautas de comportamiento.
Fuente: La Tercera, Mujeres Hoy.
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