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Una persa en Francia
Aún tiene que publicarse en España el tomo cuarto y último de esta serie limitada. El último tramo de la vida de Marjane Satrapi, después de su regreso a Teherán, vendrá marcado por otro país europeo, Francia, donde la autora vive y trabaja desde 1992 y ha podido desarrollar su talento como dibujante.
Persépolis se está convirtiendo en un referente peculiar en el mundo de la historieta. Los más de 20.000 ejemplares vendidos en poco menos de un año la sitúan en una posición afortunada. Aunque no se pueda hablar de record de ventas, estas cifras, junto con premios como el “Fernando Buesa” han hecho de Persépolis y de su autora un símbolo de lo que el “Noveno Arte” puede ofrecer.
Los críticos señalan que la clave de la originalidad de Persépolis está en la calidad de sus dibujos. Sus gráficos tienen un marcado estilo minimalista muy personal con el único uso del blanco y el negro, fuertes contrastes y una clara vocación de integrarse en la historia como una herramienta simple y efectiva al servicio de la narración. Al respecto, Satrapi señala:
“Yo escribo historias muy precisas y fuertes. Cada segundo pasa algo nuevo. Por eso no me gusta nada la decoración. Pero me encanta el blanco y negro. Creo que en blanco y negro no puedes ocultar el dibujo y también que, cuando has acabado, tu obra está terminada: no tienes que enviársela a un colorista. Por eso lo prefiero.
Persépolis es también una introducción a la turbulenta historia de Irán, un país fascinante y desconocido para la mayor parte de los occidentales que mantienen una imagen estereotipada, como resalta Marjane Satrapi:
“Muchos europeos no distinguen entre los árabes y los iraníes. Desconocen nuestra cultura que tiene 400 años y siguen pensando que Irán ha sido siempre un territorio de fundamentalismo religioso donde las mujeres no cuentan. La asistenta de mi madre echó a su marido de casa, yo misma he abofeteado a algunos hombres en la calle, sin que ello causara escándalo. Incluso durante los periodos más duros de la revolución islámica las mujeres iraníes llevaban armas de fuego en sus hombros”.
Además de las distintas entregas de Persépolis, Marjane Satrapi ha publicado en Francia varios libros dirigidos al público infantil.
Persépolis es un puro producto de lo ya descrito por Marjane Satrapi. Una sutil alquimia entre dos culturas: una iraní dolorosa y una fuerte influencia cultural francesa que le permite hoy escribir en una de las casas de edición de historietas más exigentes: l’Association. Con este tercer volumen de Persépolis, Marjane se ha inscrito en esta nueva generación de dibujantes que hacen de la historia de su vida el material esencial de su arte. Se espera un cuarto volumen, que nos entregará el final de las aventuras de Marji y aunque se sabe cómo termina la historia, la impaciencia es grande.
Su historia
Marjane Satrapi nació en 1969 en Rasht, en la región de Guilán, a las orillas del Mar Caspio. Pasó su infancia en Teherán, donde conoció la revolución y la guerra contra Irak. Descendiente de una dinastía de soberanos persas, de un abuelo comunista y de una madre feminista, recibió la conciencia política en herencia. Hija única de un ingeniero y una estilista burgueses que comparten inquietudes progresistas, recibe una educación occidental en un ambiente de islamismo moderado. A la edad de diez años es testigo de uno de los momentos clave de la historia contemporánea de Irán: la revolución islámica que acabó con el reinado del Sha de Persia
Marjane, pequeña muchacha políglota, debió dejar su país durante la guerra, porque hablaba demasiado y de todo. Pasó cuatro años de su adolescencia en Viena. A los 18 años, una vez finalizada la guerra, volvió a Irán, donde ingresa en el instituto de Bellas Artes de Teherán.
Allí debió enfrentar la realidad social del régimen chiita de los ayatolás que la lleva a toparse con situaciones inverosímiles. Éstas van desde el curso de anatomía, en el que los alumnos tienen como modelo a una mujer tapada de los pies a la cabeza por un chador, hasta las advertencias de uno de guardianes de la revolución, cuando se disponía a tomar un autobús. Le dijo: “deja de correr, los movimientos de tus nalgas son indecentes”. Cansada de la censura y de la discriminación contra las mujeres, Marjane abandona Irán para desarrollar su incipiente carrera artística en Francia.
Tras la llegada a París conoce a Christophe Blain, que la ayuda a entrar en l’Atelier des Vosges, sede de la agrupación de autores independientes l’Association y cuna de muchos de los nuevos autores de la narrativa gráfica europea.
Fuentes: Editorial Norma, Canal Solidario, La guía del cómic, Mujereshoy.
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