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Primera médica
La vida de Matilde Hidalgo estuvo marcada por romper aquellos muros que eran infranqueables para las mujeres de su época. El segundo muro al que se enfrentó fue la universidad.
Su meta, al terminar el bachillerato, fue estudiar la carrera de medicina. Pero, a comienzos del siglo XX, las puertas de la universidad seguían cerradas para las mujeres ecuatorianas. La Universidad Central de Quito le niega el ingreso, pero ella persiste hasta que logra que la Universidad del Azuay de Cuenca la admita.
Nuevamente es objeto de rechazo social. Cuenca es una ciudad tradicionalmente católica y conservadora. Recibe insultos en las calles y burlas de sus compañeros de carrera. Pero el 29 de junio de 1919, se gradúa con honores y recibe el título de Licenciada en Medicina. Será la primera médica de Ecuador. Más tarde, en 1921, la Universidad Central de Quito, que la había rechazado, le confiere el título de “Doctor en Medicina”.
Primera concejala y diputada
Otros muros esperan a esta pionera. Al contraer matrimonio con Fernando Procel fija su residencia en Machala, donde ambos ejercen la docencia. En 1923 asume el cargo de vicerrectora del Colegio Nueve de Octubre. Posteriormente, al trasladarse a Quito, ocupa el cargo de médica catedrática en la Escuela Normal Manuela Cañizares.
Después del episodio de su inscripción en los registros electorales en 1924, Matilde será la primera concejala del cantón de Machala y en 1941 presenta su candidatura a diputada por Loja. Lo hace respaldada por el Comité “Pro Doctora Matilde Hidalgo”, conformado por un grupo de mujeres dispuestas a realizar una gran campaña para lograr su elección.
Pero el camino sigue empedrado. Luego de su triunfo, recibe la desagradable noticia que su nombre no figura en las listas de diputados electos del Partido Liberal. Ha sido colocada como “primera suplente”. El mundo de la política masculina no está preparado para recibir a una mujer. Esta situación indigna a las mujeres que apoyan su candidatura.
Centenares de firmas de mujeres, probablemente muchas de ellas, antiguas amigas y compañeras que en el pasado la rechazaron, exigen que se revierta esa medida, “en nombre de la justicia”, ya que es fundamental tener “una voz femenina que defienda nuestros derechos en el Parlamento, pospuestos injustamente por sociedades constituidas por la prepotencia viril.”
En adelante, nada detendrá a las nuevas generaciones de mujeres. En las siguientes décadas, otros nombres y hechos darán continuidad a la herencia dejada por Matilde Hidalgo, cuyo compromiso por la causa de las mujeres nunca decayó. Su muerte acaeció en 1974, a los 85 años de edad.
Fuentes: Centro de información y documentación de Isis Internacional, Mujereshoy.
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