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-¿Cómo nació su interés por trabajar por los derechos de las mujeres?
- Tras estudiar en Estados Unidos. Antes de esa fecha, no había prestado atención a nuestros problemas. Viajando por mi país, encontré muchas mujeres que estaban preocupadas por el tema, especialmente por la violencia doméstica. Aún hoy, la mayoría de las mujeres se quedan calladas en aras de mantener la armonía familiar, creyendo que son ellas las que deben sacrificarse para mantener el hogar y el matrimonio. Ingresé al movimiento hace 16 años, en 1987, y de a poco comencé a centrarme en la reinterpretación del Corán como la forma de lograr la igualdad entre hombres y mujeres.
-La mayoría de las religiones tienen una base patriarcal, por lo tanto, suelen poner a las mujeres en segundo lugar, ¿por qué en el islamismo se produce con tanta fuerza la discriminación?
-El origen de la discriminación contra las mujeres en las sociedades musulmanas surge de la interpretación del Corán sobre las relaciones de género. Hay muchos versos que han sido tomados literalmente, descontextualizándolos, como aquel que dice “el hombre es superior porque él gana el dinero que alimenta a la familia”.
El problema está en la interpretación, porque actualmente en Indonesia muchas mujeres trabajan y ganan dinero, mientras que muchos hombres no lo hacen, es decir, viven a expensas de su mujer, pero ellos aún se consideran superiores.
-En el mundo islámico, ¿existen corrientes teológicas que aboguen por una mayor igualdad entre hombres y mujeres?
-No, éste es el primer intento de promover no sólo una igualdad de géneros, sino de tratar otros problemas sociales. Solíamos tener una hermenéutica literal, ahora existe la intención de reinterpretar los textos religiosos, contextualizándolos en los actuales escenarios sociopolíticos.
-¿Pero esta propuesta viene del mundo social, político o religioso?
-Yo diría que del espacio social académico. De hecho, viene del mundo cristiano, de Occidente. Tras el fin del colonialismo en el Medio Oriente, muchas personas partieron a estudiar a Occidente, becados a universidades de Estados Unidos, Alemania o Francia. Algunos de esos becados estudiaron en la Universidad La Sorbonne, de París, considerada uno de los mejores centros en estudios musulmanes de Europa. Ahí nació el concepto de la hermenéutica de la liberación.
En el pasado, quienes estudiaban el Corán lo seguían al pie de la letra, pero hoy se interpreta a partir de los nuevos fenómenos sociales. La promoción de la igualdad de derechos de hombres y mujeres es sólo una de las luchas que se están dando dentro del Islamismo.
-En las últimas décadas ha habido un resurgimiento del fundamentalismo musulmán, ¿cuál es el desafío del movimiento de mujeres para enfrentar esta vertiente?
-Hay razones externas e internas al mundo musulmán que explican este resurgimiento. Las internas apuntan a esta interpretación literal del Corán, que apela a esa mirada utópica sobre el pasado glorioso que tuvo esta religión, especialmente en los países árabes de Medio Oriente.
Pero los problemas externos también fomentan este radicalismo, como el impacto de la modernidad occidental en nuestras sociedades: el fuerte choque entre modernidad y tradición no permite cambios tranquilos. Además, la globalización ha causado el surgimiento de muchas injusticias. No se puede separar el fenómeno del fundamentalismo islámico de estos factores.
Nuestro desafío es ahora enfrentar los factores internos a través de la promoción de una reinterpretación de las leyes. Es indispensable fomentar la educación de nuestras sociedades y romper, así, la hegemonía del discurso de ciertos sectores.
-¿Piensa que la opresión de la infancia y las mujeres por parte de regímenes fundamentalistas se debe a factores políticos o económicos más que religiosos?
-Sí, por supuesto. Un ejemplo es el caso del comercio de la prostitución: Indonesia sufre de un fuerte tráfico de mujeres. Muchas mujeres son engañadas y llevadas a las ciudades para, supuestamente, trabajar en fábricas, pero en realidad las fuerzan a entrar a redes de prostitución, y nadie respeta sus derechos ni tienen dónde acudir. Es una fuerte realidad determinada por otros intereses. Podríamos hablar también de la existencia de un fundamentalismo económico.
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