|
(Mujereshoy) Esto es a pesar que las mujeres trabajan la misma cantidad de horas, presentn credenciales educativas similares y su rendimiento laboral es el mismo. La brecha se achica cuando disminuye la calificación del trabajo, informa el diario El Tribuno.
Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el promedio de ingreso mensual de un hombre profesional es cercano a los 1.800 pesos. Mientras que, en caso de su par femenino, es alrededor de 1.200 pesos, es decir un tercio menos.
Los puestos de los varones tienden a concentrarse en los grupos de ingresos medios y altos. En 2002, el ingreso laboral medio de las mujeres era un 30 por ciento inferior al percibido por los varones. Esta brecha remunerativa se achica a medida que va disminuyendo la calificación del trabajo. Una operaria o un trabajadora no calificada gana casi lo mismo que un hombre en el mismo puesto.
La incorporación de la mujer al mercado laboral ha crecido sostenidamente en el último decenio. Este fenómeno, que podría interpretarse como un logro para la población femenina, tiene que ver más con una actitud de sobrevivencia de la familia. La mujer salió a la calle para incrementar los ingresos del hogar. Los números así lo demuestran. Su participación en el ámbito laboral ha estado fundamentalmente motorizada por su inserción en los estratos de ingresos más bajos.
En general, la situación de las mujeres que trabajan está signada por situaciones de inequidad: mayor dificultad de inserción, peores condiciones laborales y remuneraciones más bajas. Un ejemplo claro son las profesionales, que no sólo cobran sueldos menores que los hombres en el mismo puesto sino que difícilmente accedan a altos cargos.
Si se compara el año 1995 con 2002, con respecto a la participación económica de la mujer en ambos períodos, las cifras hablan de una inequidad que no cede. En 1995, la tasa de participación es del 30,7 por ciento. Y, en 2002, asciende a un 34,5 por ciento. Mientras que, en el caso del sector masculino, desciende un 0,8 por ciento.
El sector más pobre de la población femenina económicamente activa fue el que más creció. Si en 1995 era del 20,4 por ciento, en 2002, ascendió a un 26,4 por ciento.
En cambio, las mujeres que perciben los mayores ingresos, sólo acrecentaron un 2,2 por ciento el nivel de ocupación. El sector de baja calificación laboral es el que más ha crecido. Y, dentro de este, el servicio doméstico es el que predomina.
El empleo femenino se concentra en los puestos de menor jerarquía de cada ocupación. Esto implica no sólo peores remuneraciones sino también trabajos más inestables. Esta situación se da, sobre todo, en el sector privado. La capacitación tampoco es tenida en cuenta. La cantidad de mujeres que acceden a puestos no calificados supera la de los hombres, a pesar de que presentan credenciales educativas similares. Se demuestra que las mujeres que ocupan puestos profesionales deben acreditar niveles de capacitación más altos.
Fuente: Diario El Tribuno
|