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El Movimiento Cinturón Verde (MVC)* es una consigna que describe las actividades de plantación de árboles, con amplia participación de base, que tiene lugar en Kenia. Es una consigna llamativa, fácil de recordar, de explicar y de relacionarse con ella. Se alienta a la gente a plantar árboles en varias hileras alrededor de los recintos escolares o eclesiásticos y en predios rurales (“shambas”). Debido a que tales plantaciones “visten” estos predios desnudos con cinturones de árboles verdes, esta actividad se ha popularizado como el Movimiento Cinturón Verde.
Cómo surgió la idea
En una larga historia inspirada en el puro entusiasmo típico del liderazgo juvenil y enriquecida por las experiencias de la vida adulta en la que el destino ha querido que juegue mi papel.
En los primeros años de mi juventud, los adultos nos decían que los jóvenes eran los líderes del futuro. En verdad, los adultos ponían énfasis en las grandes responsabilidades que nos esperaban a los pocos que habíamos de convertirnos en los líderes futuros de la emergente nación de Kenia. A los que en ese tiempo éramos escolares, se nos hacía esperar y aceptar responsabilidades especiales por el desarrollo de nuestro país.
Cuando terminé mi educación formal y obtuve un puesto en la Universidad de Nairobi, mi mente buscó nuevos desafíos para poder ejercer mi papel de líder. A los veinticinco años de edad me sentía lista para asumir mis responsabilidades y jugar mi papel en el desarrollo de mi país.
Plantar árboles no fue algo que yo escogiera hacer: fue algo en que me vi profundamente involucrada. La idea de plantar árboles en comunidades nació en el curso de una campaña política para representar en el parlamento a la circunscripción de Langata. Había que hacer algo nuevo para los necesitados que nos habían apoyado. Nada parecía posible. La idea que me vino a la cabeza fue que podíamos crear empleos para ellos. Pero ¿cómo? Ese era el desafío.
¿Sería un programa de limpiado una posibilidad para Langata? Plantando árboles, desbrozando bordes, cuidando los céspedes y jardines, barriendo las calles y cortando el pasto podíamos proporcionar un servicio que los terratenientes de Langata podrían pagar. Si yo creaba una compañía podía contratar a los necesitados para dar el servicio y luego pagarles cuando los terratenientes pagaran a la firma. Pensé que la idea funcionaría y procedí a crear una compañía y a contratar a trabajadores. Llamé a la compañía Envirocare (Cuidado del ambiente), porque cuidaría del medio ambiente de Langata.
En los meses que siguieron Envirocare obtuvo algunos contratos de trabajo y se contrató a algunas mujeres. Desafortunadamente, surgió un nuevo obstáculo.
Manejar la compañía y los trabajadores se convirtió en una tarea imposible. Generalmente los empleados eran tan pobres que necesitaban herramientas, dinero para transporte y pagos diarios. Necesitaban, además, una estrecha supervisión porque no tenían experiencia en lo que estaban tratando de hacer. Tenía que transportarlos ida y vuelta al trabajo, darles adelantos diarios en dinero, comprarles herramientas y supervisarlos. Como yo ya tenía mucho que hacer, se hizo imposible llevar adelante el proyecto sin fondos y sin el apoyo local moral. Además, el inicio del año 1976 fue excepcionalmente seco y la Municipalidad de Nairobi prohibió usar agua en jardines florales; en consecuencia, miles de semillas murieron y lentamente tuvimos que abandonar el proyecto. Busqué nuevos intereses.
Afortunadamente, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos, Hábitat, estaba a la vuelta de la esquina y dirigí mi atención a ella. La Conferencia debía tener lugar en junio de 1976 en Vancouver, Canadá. Gracias a los esfuerzos de una amiga, Hanna Mastrand, quien estaba ligada al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y de que otras personas tenían que ver con el movimiento ecologista, llegué a Vancouver, donde conocí a mujeres tan famosas como Bárbara Ward, Margaret Mead, la Madre Teresa, y muchas otras a las que nos ligaba un deseo común de trabajar por mejorar los asentamientos humanos. Pasé mucho tiempo en el Foro de organizaciones no gubernamentales (ONG) y tuve la oportunidad de escuchar y ser escuchada. Mi idea enriqueció y fue fortalecida. Después de dos semanas regresé a Kenia decidida a hacer que Envirocare funcionara. Bueno, no funcionó. A fines de julio de 1976 mis responsabilidades políticas y sociales hacia la circunscripción de Langata cambiaron tan repentina y drásticamente que cualquier plan futuro para Langata se volvió irrelevante.
Las actividades de Envirocare habrían muerto ahí si no hubiera sido por el hecho de que, en febrero de 1977, el Consejo Nacional de Mujeres de Kenia (CNMK) realizó su Asamblea General Anual y me invitó a hablar acerca de la reciente Conferencia de Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos de Vancouver. Mi presentación fue bien recibida y esa asamblea fue una piedra angular tanto para Envirocare como para mí. Varios días después de la Asamblea General Anual recibí una carta de la presidenta, Eddah Gachukia, informándome que había sido elegida para integrar el Comité Ejecutivo de CNMK. Acepté servir el cargo, aunque no estaba muy segura acerca de cual podría ser mi contribución a esa organización de carácter nacional.
El CNMK se convirtió entonces en mi principal interés. El CNMK es una organización paraguas que representa a una serie de organizaciones nacionales femeninas tanto urbanas como rurales. Fue concebido y fundado en 1964, un año después de nuestra independencia. Antes de la independencia de Kenia, las organizaciones de mujeres, al igual que otras instituciones, habían operado en la línea racial y profesional. Tras la independencia, las diversas organizaciones femeninas decidieron crear un Consejo Nacional de Mujeres de Kenia para que pudiera coordinar sus objetivos comunes, sobre todo cuando esos objetivos eran asuntos de importancia nacional. En 1966, el CNMK fue inscrito como sociedad voluntaria. Aunque sólo se pueden afiliar a él organizaciones nacionales, las actividades están abiertas a grupos locales y asociaciones más pequeñas.
El Comité Permanente del Medio Ambiente y Hábitat del CNMK estaba luchando por identificar un proyecto viable. Al mismo tiempo, la entonces presidenta del comité, Rhoda Thairu, y la secretaria, la fallecida Wanjiku Chiuri, estaban muy ocupadas y a menudo me pedían que presidiera las sesiones en su nombre. Como presidenta, me vi obligada a dar una orientación y ayudar a encontrar un proyecto. Fue durante esas sesiones que sugerí a los miembros del Comité del Medio Ambiente y Hábitat que introdujéramos la plantación comunitaria de árboles para mejorar los asentamientos humanos y evitar la desertificación que estaba amenazando el medio ambiente de Kenia. A algunas integrantes del comité la idea no las impresionó mayormente y otras hasta se opusieron a ella. Sentían que no se podía hacer. Tomó varias sesiones para que el Comité del Medio Ambiente y Hábitat y finalmente el Comité Ejecutivo acogieran la idea, cosa que hicieron no tanto por hallarla atractiva sino porque era la única presentada.
Las acciones “Harambee” (literalmente, empujemos todos juntos) estaban de moda y en todo el país se juntaban fondos para proyectos específicos. Decidimos iniciar un “Harambee” para plantar árboles, en el cual los participantes contribuirían con trabajo más que con dinero.
Por eso la acción se denominó “Harambee, Salvad la Tierra”. Íbamos a dedicarnos a salvar nuestro país de la amenaza del desierto y el papel del CNMK sería en gran medida catalítico. En todas las ceremonias de plantación de árboles se aceptaba y proclamaba el siguiente compromiso:
“Conscientes de que Kenia está amenazada por la expansión de condiciones desérticas, de que la desertificación es el resultado del mal uso de la tierra y el indiscriminado corte de árboles y despeje de matorrales y la consiguiente erosión de los suelos por los elementos; y que el resultado de estas acciones es sequía, desnutrición, hambruna y muerte; resolvemos salvar nuestra tierra impidiendo esta mentada desertificación plantando árboles donde sea posible. Al pronunciar estas palabras, cada uno de nosotros adquiere un compromiso personal con nuestro país de salvarlo de acciones y elementos que priven a presentes y futuras generaciones de cosechar los bienes que son derecho innato y propiedad de todos”.
La primera ceremonia de plantación de árboles tuvo lugar en Nairobi el 5 de junio de 1977, día que había sido declarado Día Mundial del Medio Ambiente. El Secretario Nacional del Medio Ambiente, encabezado entonces por George Muhuhu, en conjunto con ONG locales, organizaron una manifestación para marcar el día. Los manifestantes marcharían por las calles de Nairobi partiendo desde el Centro Internacional de Conferencias Kenyatta y terminando en los terrenos de Kamukunji. El punto culminante de la ocasión sería la plantación de siete árboles en honor a dos mujeres y cinco hombres legendarios que, en el curso de sus vidas, habían hecho grandes contribuciones a sus comunidades.
Nosotros insistimos en que las personas recordadas durante las ceremonias de plantación de árboles tenían que ser kenianos ya fallecidos. Había una razón para esto. Hay una tendencia moderna en Kenia de que cuando los poderosos están muertos y enterrados los que siguen vivos hagan lo posible por asegurarse de que los que murieran permanezcan muertos también espiritualmente. Esto contradice la tradición africana, que enseña que los muertos viven entre los vivos compartiendo con ellos todo tipo de experiencias. Así, el pasado es continuado en el presente, haciendo que el futuro sea tanto inteligible como cierto. Por eso, el 5 de junio de 1977 los árboles fueron plantados en honor de:
Wangu wa Makeri (de Murang’a)
Waiyaki ea hinga (de Kiambu)
Nobongo wa Mumia (de Kenia occidental)
Ole Lenana (de Maasailand)
Madam Ketilili (de Kilifi)
Gor (Mahia) wod Ogalo (de Nyansa)
Masaka wa Ngei (de Machakos)
Estos siete árboles quedaron a cargo de la Municipalidad de Nairobi, sólo tres han sobrevivido al descuido y destrucción del medio ambiente circundante. La segunda acción de plantación de árboles tuvo lugar en la escuela secundaria Mary Leaky por invitación de su directora, Kezia Mumbi, y gracias a la Mobil Oil (Kenia) Ltda. que, a través de su representante de ventas, E. Murioki, donó los sesenta árboles que plantamos ese día. Es probable que Harambee Salvad la Tierra hubiera tomado otro curso –tal vez ningún curso– si la Mobil Oil no lo hubiera apoyado en sus etapas iniciales, cuando era más una idea que un movimiento y necesitaba urgentemente dinero para semillas. E. Kamau Muniu, director ejecutivo de la Mobil Oil (Kenia), a menudo se toma tiempo para revisar el progreso hecho y evaluar las necesidades futuras del programa de forestación.
Quiso el destino que Naciones Unidas programara una Conferencia sobre Desertificación en Nairobi, en 1977. Esta Conferencia fue una importante piedra angular para nosotros. Decidimos poner el énfasis en los problemas prácticos que enfrenta la población rural común y corriente y demostrar lo que significa para ella la desertificación. Esta campaña nacional fue lanzada a través de los medios de comunicación masivos para informar al público de los peligros de la desertificación y de la acción necesaria que había, que emprender de inmediato; por ejemplo, plantar árboles.
Usamos la radio, la televisión, diarios, revistas, encuentros en iglesias, talleres y seminarios. Cada vez que la CNMK organizaba una función, nos asegurábamos de que se hiciera una presentación del Harambee Salvad la Tierra. Era importante ser simples y prácticos. El programa tenía que empezar con una actividad que todos pudieran entender claramente. Plantar árboles y plantar cultivos alimentarios como bananos, árboles frutales y caña de azúcar resultaba fácil y práctico. La agrosilvicultura había sido siempre la forma de cultivo de nuestro pueblo.
A la oficina de CNMK comenzaron a llegar cartas de todas las áreas rurales. Las invitaciones a plantar árboles con diversas comunidades se volvieron frecuentes. Una de las primeras vino de Karugia, en Murang’a. Integrantes del CNMK iban a donde quiera que se las invitaba y hacían una demostración de lo que significaba el Harambee Salvad la Tierra. Personas de diferentes partes del país querían saber dónde podían obtener retoños de árboles para plantarlos en recintos públicos y en sus “shambas”. Nuestra esperanza estaba en el Departamento del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales, que tenía una red nacional de viveros de árboles.
Algunos pueden sostener que la preocupación por la reforestación debería corresponder sólo al gobierno de Kenia, cuyo Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales promueve la plantación de árboles. Pero todo gobierno enfrenta el problema de la limitación de sus recursos financieros y humanos y es necesario que organizaciones voluntarias, grupos ciudadanos y personas individuales se organicen para realizar esfuerzos de forestación y conservación.
Los objetivos
El Movimiento Cinturón Verde se ha propuesto objetivos tanto de corto como de largo plazo. Los objetivos de corto plazo son importantes, porque los movimientos de masas necesitan ver éxitos tangibles. El Movimiento Cinturón Verde ha sido diseñado de tal manera que los participantes puedan lograr algunos de sus objetivos dentro de un tiempo razonable, porque sólo así están dispuestos a aventurarse en áreas de mayor desafío y tienen paciencia para los objetivos de largo plazo.
Entre los nueve objetivos de corto plazo, el siguiente se refiere a buscar el desarrollo de una imagen positiva de la mujer. Esta es una preocupación de CNMK, que lucha por promover el desarrollo equilibrado de la personalidad de la mujer y por ayudar a crear un ambiente en el cual ese desarrollo tenga lugar. El período de hablar y quejarse por el estatus de la mujer estaba llegando a su fin con el lanzamiento de la década de la mujer (1975-1985) y parecía apropiado que las mujeres hablaran sobre temas de desarrollo e iniciaran un cambio positivo en sí mismas y en el país. Los temas del desarrollo proveen un buen foro en el cual las mujeres pueden ser líderes creativas, asertivas y efectivas y el Movimiento Cinturón Verde, siendo un proyecto de desarrollo, proporcionaba el foro a través del cual promover una imagen positiva de la mujer.
Esto es muy importante, porque si las mujeres quieren lograr algún avance en las áreas económicas y políticas tienen que involucrarse en el desarrollo como participantes y benefactoras igualitarias. Porque, aunque en Kenia hay más votantes mujeres que hombres, son muy pocas las elegidas para cargos públicos. Esto se debe en parte a que a las mujeres no se les otorga ningún foro en el cual desarrollar cualidades de liderazgo mientras maduran o incluso cuando son adultas. Tradicionalmente son las seguidoras de los hombres y no las que lideran. Por eso, demasiado a menudo las mujeres tienen que esperar que los hombres las nombren en cargos de responsabilidad y pierden demasiado tiempo y esfuerzo en buscar esos nombramientos.
Esto no basta. Es difícil, aunque se tenga una cartera de gobierno, ejercer un verdadero liderazgo fuera del área del cargo, debido a la necesidad de ser circunspectas. Por eso, las organizaciones voluntarias de mujeres proporcionan el foro más importante para el tipo de mujer que eventualmente pueda alcanzar un liderazgo nacional. No es casualidad que las mujeres kenianas que han sido miembras del parlamento (elegidas o designadas) hayan sido también en uno u otro momento líderes de organizaciones de mujeres. Sin el CNMK o instituciones similares tales líderes no habrían tenido ningún foro a través del cual proyectarse y verse siquiera alentadas a buscar un liderazgo nacional.
Es bien sabido que las mujeres siempre han jugado un papel importante en la socio-economía y en la política de Kenia. Sin embargo, no siempre son públicamente aclamadas, apreciadas y premiadas proporcionalmente. De hecho, a menudo las mujeres son silenciadas con pequeñas posiciones de influencia y responsabilidad, mientras muchos hombres son premiados con posiciones que apenas merecen. Generalmente, las mujeres han llegado a aceptar que tienen que estar extremadamente agradecidas por lo poco que reciben de los hombres, tanto en foros privados como públicos. Aquellas mujeres que señalan la persistente falta de proporción de la representación de la mujer en la estructura de toma de decisiones de nuestro país (tanto políticas como económicas) son convenientemente caratuladas como rebeldes, radicales, liberadoras de mujeres, controvertidas, elitistas, etc. Todo esto se hace deliberadamente para desacreditar a tales mujeres a los ojos del público de manera que cualquier cosa que digan o defiendan sea examinada con sospecha e incluso escarnecida. Cuando tal escarnio y menosprecio emana de otras mujeres, la discriminación contra las mujeres se vuelve muy fácil de practicar tanto en la vida privada como pública.
Como resultado, la mayoría de las mujeres optan por puestos menores y por roles que las deshumanizan y debilitan; optan por ser más servidoras no contestatarias de sus pares varones que socias en el desarrollo. Como en los casos de prejuicio racial, en los que miembros de una raza particular son sumariamente declarados inferiores o superiores las mujeres son sumariamente inferiores y no competitivas porque la mayoría de ellas opta por posiciones de servidumbre. El mito de la superioridad masculina sólo puede ser destruido con brillantes ejemplos de logros femeninos contra los cuales nadie pueda argumentar en forma inteligente. El Movimiento Cinturón Verde, y muchos otros proyectos rurales iniciados por mujeres, son proyectos ejemplares, en los que no domina –como a menudo sostienen los hombres– la preocupación por la cocina, los bebés, los pañales o el sexo. Son buenos ejemplos de logros femeninos que deberían servir al menos para alentar a las mujeres a crear una imagen más positiva de sí mismas.
* Adaptado del libro The Green Belt Movement(Movimiento Cinturón Verde).
Traducción: Choly Melnick.
Fuente: Despejando horizontes. Mujeres en el medioambiente. Ediciones de las Mujeres Nº 18, Isis Internacional, 1993.
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