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Brasil es uno de los países que lleva adelante la Campaña de la Cinta Blanca (Foto: Laço Branco, Brasil). |
Marc Lépine asesinó, en la tarde del 6 de diciembre de 1989, a 14 jóvenes mujeres e hirió a otras 13 personas en la Escuela Politécnica de la Universidad de Montreal. Lépine odiaba a las mujeres exitosas y a las feministas. Nació entonces la Campaña de la Cinta Blanca, iniciativa de hombres que busca poner fin a la violencia contra las mujeres.
(Mujereshoy) Cuando ocurrió la masacre de Montreal, el miércoles 6 de diciembre de 1989, mi hija, de 14 años, y yo, estábamos ya en casa. Vivíamos a unos cuatro kilómetros de la Escuela Politécnica de la Universidad de Montreal. Eran pasadas las cinco de la tarde y la época invernal se hacía sentir en el frío y en la semioscuridad.
Mientras preparábamos la cena, prendimos la televisión. Mi hija recorría los canales sin que nada le pareciera interesante, y finalmente, eligió aquel que mirábamos con mayor frecuencia. No prestábamos mucha atención a lo que se decía, puesto que sabíamos que había que esperar hasta las 18 horas para el inicio del noticiero.
Pero antes de las seis de la tarde, el canal de televisión emitió un “flash”. Un confuso incidente se había producido en la Escuela Politécnica de la Universidad de Montreal. Se hablaba de muertos, de heridos. Las imágenes mostraban a patrullas policiales fuera del recinto, a jóvenes estudiantes, hombres y mujeres, que lloraban, abrazados. Las ambulancias llegaban y partían.
Poco a poco, la catástrofe llenó la pantalla de la televisión. Comenzaron los detalles. Un joven había entrado al establecimiento educacional, armado de un rifle Sturm Ruger Mini-14, semiautomático, y había asesinado y/o herido a más de diez personas. La cifra aumentaba a medida que se conocían los comunicados policiales.
La catástrofe se convirtió en horror cuando las evidencias mostraron que las 14 personas asesinadas eran mujeres y que de las 13 heridas, nueve también lo eran.
¿Quién era el responsable de la matanza? ¿De este feminicidio anterior a los de Ciudad Juárez y de Ciudad de Guatemala? Marc Lépine, de 25 años.
La trayectoria asesina
Marc Lépine entró en una de las salas de clases de la Escuela Politécnica en la cual se encontraban unas 60 personas. Gritando “Quiero sólo a las mujeres”, amenazó y ordenó a los aproximadamente 48 hombres presentes –incluido el profesor– a que dejaran el aula, alineó a las nueve jóvenes que allí quedaban y tras gritarles que eran “unas feministas” les disparó una a una. Seis de ellas murieron y tres quedaron heridas.
El hombre salió de la sala y continuó su caza, buscando nuevas víctimas. Ya había asesinado a una secretaria que se encontraba cerca del centro de fotocopias antes de entrar a la primera sala de clases. Recorrió los pasillos disparando a mansalva. Llegó a la cafetería y mató a tres jóvenes mujeres. Se dirigió a una segunda sala de clases y asesinó a otras cuatro. Luego se suicidó. Al final de su recorrido, Marc Lépine había matado a 14 jóvenes mujeres y herido a otras 13 personas, nueve mujeres y cuatro hombres.
¿Pero quién era Marc Lépine? Él no era estudiante de la Politécnica. Algunos años antes había presentado su solicitud de ingreso a esa Escuela para estudiar ingeniería, pero no había sido aceptado. También había sido rechazado en el ejército. Amante de las películas de guerra, Lépine provenía de una familia en la que había sido golpeado cuando niño por su padre y que luego lo abandonaría, junto a su madre y a su hermana.
La carta que se encontró en uno de sus bolsillos mostraba más facetas de la personalidad de Lépine. Señalaba que tenía razones políticas para cometer el múltiple asesinato: “...las feministas siempre han tenido el talento de irritarme. Ellas quieren mantener las ventajas de ser mujer... mientras tratan de arrebatar aquellas de los hombres... Son muy oportunistas, ya que se aprovechan del conocimiento acumulado por el hombre a través de los años”.
Lépine odiaba a las mujeres exitosas y a las mujeres feministas. Ambas categorías eran lo mismo para él. Aparte de las diatribas contra ellas, la carta contenía una lista de 19 mujeres conocidas públicamente y que él despreciaba particularmente.
Lépine mató a 14 mujeres de la Escuela Politécnica porque las sentía responsables de su fracaso de estudiar ingeniería. Ellas representaban las usurpadoras del lugar que él creía suyo y que, en su concepción, no debían ocupar: las mujeres no deben estudiar ingeniería, es un rol de hombres.
Algunos de los análisis realizados tras la tragedia coincidieron en señalar que el contenido de su carta parecía incluir tres acusaciones implícitas:
• Las mujeres son responsables de los fracasos de los hombres;
• Toda mujer que se cruza en el camino de un hombre exitoso merece ser castigada;
• Las mujeres exitosas han abdicado de su derecho a ser protegidas por un hombre individual (mediante acciones heroicas) o por el género masculino (a través de la teoría, las políticas sociales y las leyes).
La Campaña de la Cinta Blanca
La tragedia de Montreal caló hondo en la sociedad quebequense y canadiense. Todos los medios de comunicación la cubrían. Trataron de entrevistar a la madre de Lépine, enfermera de profesión, y a su hermana, pero la familia estaba destruida. Guardaron su dolor en privado.
En cambio, otras personas manifestaban abiertamente sus opiniones en la televisión, en los diarios, en las radios. Lo que por esos días se escuchó en las líneas abiertas radiofónicas fue inaudito para las mujeres y para muchos hombres. Si bien no se justificaba el asesinato, muchos hombres decían que “se explicaban” la conducta de Lépine. Las verdaderas responsables del asesinato eran las feministas porque querían ocupar los puestos, cargos y funciones que eran de los hombres. Estábamos en 1989.
Una de las personas que decidió contrarrestar estas opiniones fue Michael Kaufman, investigador canadiense, experto en estudios de masculinidad, escritor y activista. Junto a otros varones, Kaufman pensó que había llegado la hora de responsabilizarse para que las palabras difamatorias contra las mujeres y los actos asesinos contra ellas no volvieran a repetirse.
Para ello era indispensable realizar acciones concretas a largo plazo, orientadas a terminar con la violencia contra las mujeres. Y, además, no sólo acciones en Canadá, sino en todo el mundo.
Kaufman fundó entonces la Campaña de la Cinta Blanca (White Ribbon Campaign), como símbolo de la implicación activa de los hombres en contra de la violencia hacia las mujeres. El compromiso de esos hombres: “Jamás cometer un acto violento contra las mujeres. Hombres por el fin de la violencia contra la mujer”.
En el primer año de la campaña, en 1991, se distribuyeron cerca de 100 mil cintas blancas a los hombres canadienses, particularmente entre los días 25 de noviembre –Día Internacional por la No Violencia contra las Mujeres– y el 6 de diciembre, aniversario del luctuoso suceso.
Hoy la campaña se ha extendido a Estados Unidos, España, Noruega, Australia, Namibia, Finlandia, Japón, Dinamarca y Suecia, entre otros.
En nuestra región, Brasil es uno de los países comprometidos con esta acción, en especial los estados de Sao Paulo, Rio de Janeiro, Acre y Pernambuco. Y, a partir de este año, Chile también forma parte de la actividad.
Para erradicar esta violencia, Kaufman postula construir sociedades “basadas en la igualdad y la justicia”. ¿De qué manera?: “Trabajando desde las empresas, las instituciones, la población en general, pero, sobre todo, desde las propias familias”.
Según el investigador canadiense, el cambio social debe estar acompañado de “programas de formación de los cuerpos policiales y los jueces”, y de un aumento de los presupuestos para construir “alternativas” para las mujeres que quieren abandonar a sus maridos maltratadores. También considera importante reeducar a los agresores, creando “espacios donde puedan expresar sus sentimientos”.
El miedo
Lo que no se vio en la televisión fue el miedo soterrado que imperó en las jóvenes y mujeres por muchos días, semanas y meses después de la masacre de las estudiantes de la Politécnica en Montreal.
Era probablemente lo que sentían las 19 mujeres nombradas en la lista de Marc Lépine, sindicadas como sus enemigas. Era también lo que mi hija sentía. Pocos días después de la tragedia, una noche que me disponía a salir con mis amigas, mi hija me pidió que no lo hiciera. Le daba miedo quedarse sola. Y me quedé, porque yo también tenía miedo.
Fuentes: Centro de Documentación de Isis Internacional, Mujereshoy.
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